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Lunes, enero 19, 2009 categorizado bajo e-book

gadgets y libros

El viernes pasado una de las editoriales con las que trabajo me dio un Sony Reader para facilitar el trabajo de lectura de manuscritos. Aunque todavía no lo he explorado a profundidad, hasta el momento sólo le veo ventajas al hecho de tener un lector digital —por lo menos para cuestiones estrictamente laborales—. Lo que he visto hasta ahora confirma la buena impresión que me produjeron las demostraciones de lectura en teléfono móvil y en Sony Reader que en su momento me hicieron Javier Celaya y Pablo Arrieta.


Un par de anotaciones al respecto a partir de lo que he podido ver:

- se trata de un gadget más o menos del tamaño de un libro de bolsillo y que pesa un poco más que éste.

- tiene una buena capacidad de almacenamiento de documentos en formatos estándar —en algunos de éstos permite archivar unos 250 libros de 300 páginas—, lo cual favorece la portabilidad de éstos sobre todo cuando se tiene la necesidad o el deseo de desplazarse.

- el contraste es óptimo y no depende de la luz que haya en el ambiente.

- tiene una interfaz básica y austera, así como un sistema de navegación bastante simple.

- el cambio de página es lento.

- se pueden señalar páginas mediante una simulación del gesto de doblar una de las esquinas de la hoja del libro.

- en términos de energía es un dispositivo altamente autónomo en la medida en que gracias a la tinta electrónica sólo consume batería cuando se cambia de pantalla.

- hasta donde sé, en España todavía no se pueden comprar contenidos exclusivos para este dispositivo.

Y ya.

Hace unos días que cogí Los demasiados libros para buscar una cita recordé que allí había un ensayo titulado “La superación tecnológica del libro” en el que Gabriel Zaid da seis argumentos a favor del libro en papel. Teniendo en cuenta que desde 1996 —cuando fue publicado Los demasiados libros— el desarrollo tecnológico ha introducido transformaciones significativas en el ámbito de los contenidos digitales, valdría la pena preguntarse en qué medida el libro electrónico ha empezado a satisfacer las siguientes ventajas del libro en papel que evoca Zaid:

’1. Los libros pueden ser hojeados.


2. Un libro se lee al paso que marca el lector.


3. Los libros son portátiles.


4. Los libros no requieren cita previa.


5. Los libros son baratos.


6. Los libros permiten mayor variedad’.


Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pp. 57 – 63

Anagrama

Barcelona, 1996

Jueves, enero 15, 2009 categorizado bajo Sin categoría

los libros no leídos



La montaña mágica, de Thomas Mann, es una novela importantísima para mí porque representa todos los libros que no he leído y que no sé cuándo podré leer. Empecé a leerlo a principios de enero de 1998, durante las vacaciones, y nunca pude terminarlo porque a mitad de mes empezaron las clases y me quedé sin tiempo para leer cosas distintas de las de mis cursos.

Durante mucho tiempo fui uno de esos compradores compulsivos de libros que se gastan cualquier billete que les cae en las manos comprándose alguna cosita que han estado buscando o que se les atraviesa por el camino. Mi biblioteca fue creciendo rápidamente —tanto que muy pronto me quedé sin espacio en mi cuarto, que igual es más bien pequeño, y que cada cierto tiempo tenía que hacer una Operación Tetris para reacomodarlo todo— pero como mi capacidad de lectura no lo hacía al mismo ritmo la brecha entre aquellos libros míos que había leído y los que no empezó a hacerse cada vez mayor.

Como en algún momento empecé a sentirme frustrado cada vez que salía de una librería llevando en la mano una bolsa con un par de novelas porque no sabía cuándo iba a tener el tiempo para leerlas, un día decidí dejar de comprar libros. Muchas veces soñaba que por culpa de alguna enfermedad me daban de baja en el trabajo y me obligaban a quedarme en cama durante meses enteros que yo dedicaba a leer Los detectives salvajes, La isla del tesoro, El otoño del patriarca, El corazón de las tinieblas, Tres tristes tigres, Moby Dick, La guerra de fin del mundo, Diario del año de la peste, La Vorágine, Guerra y paz, El obsceno pájaro de la noche y todos esos libros que me atraían y que no había podido leer hasta entonces, que en su mayoría tampoco he leído todavía y que espero poder leer algún día —lo máximo que he conseguido hasta el momento es leer Los detectives salvajes durante unas vacaciones, justo un par de semanas antes de la muerte de Bolaño—.

Ahora sólo compro libros que sé que voy a empezar a leer en el momento. Muchas veces los dejo empezados bien sea por falta de tiempo o bien porque no conecto con ellos. Pero si los compro es porque en ese momento tengo la necesidad imperiosa de leerlos. Si no llego a tener esa necesidad considero que no vale la pena comprarlos.

A propósito de los libros no leídos, en el ensayo “Los demasiados libros” dice Gabriel Zaid:

‘La gente que quisiera ser culta, va con temor a las librerías, se marea ante la inmensidad de todo lo que no ha leído, compra algo que le han dicho que es bueno, hace el intento de leerlo, sin éxito, y cuando tiene ya media docena de libros sin leer, se siente tan mal que no se atreve a comprar otros.

En cambio, la gente verdaderamente culta es capaz de tener en su casa miles de libros que no ha leído, sin perder el aplomo ni dejar de seguir comprando más.

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, dice un aforismo de José Gaos. La observación es tan exacta que, para ser también irónica, requiere la complicidad del lector bajo una especie de imperativo moral, que todos más o menos acatamos: un libro no leído es un proyecto no cumplido. Tener a la vista libros no leídos es como girar cheques sin fondos: un fraude a las visitas.

Ernest Dichter, en su Handbook of Consumer Motivations, habla de esta mala conciencia en los clubes de libros. Hay gente que se inscribe como si entrara a un festival de la cultura; pero, a medida que los libros llegan y se acumula el tiempo que hace falta para leerlos, cada nueva remesa, y el montón, se vuelven un reproche muy poco festivo: una acusación de incumplimiento, hasta que rompe con el club, decepcionada y resentida de que le siga enviando libros, a pesar de pagarlos’.

Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pág. 11

Anagrama

Barcelona, 1996

Miércoles, enero 14, 2009 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 59 ]

Mi recomendado de la semana

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz

Mondadori

Barcelona, 2008


Mis libros favoritos


La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro

Seix-Barral

Barcelona, 2003


Me llama la atención


Mario Eskenazi, diseño gráfico

Martes, enero 13, 2009 categorizado bajo best sellers, concentración, grupos multimedia

comentarios del editor nicolás morales sobre los libros más vendidos en colombia

En dos de sus columnas más recientes en la revista Arcadia el editor colombiano Nicolás Morales hace algunas anotaciones con respecto al tipo de libros que más se venden actualmente en Colombia. Se trata de “El modelo Disney” y de “Los libros más vendidos del 2008”.


“El modelo Disney” se refiere a la reciente decisión del grupo Carvajal de ‘botar por la borda la colección más prestigiosa de no ficción en Colombia’: Vitral.

Esta colección que durante años le ha dado una mayor difusión al conocimiento que produce la academia en el ámbito de las ciencias sociales —eso que los franceses llaman con dignidad “vulgarisation de la connaissance”— y que durante años ha construido un fondo constituido por trabajos serios y rigurosos escritos en un lenguaje accesible para un público amplio entra en crisis en un momento en el que, en palabras de Morales, ‘las editoriales han inundado todo el mercado con las pantanosas aguas de la no ficción-basura, dejando reseco el suelo en que podría sembrarse algo distinto a mala hierba’.

Según Morales, ‘puede que Vitral fuera simplemente un lugar para que los académicos de prestigio intentaran trascender los 1.000 ejemplares de la edición universitaria, pero para mí era mucho más que eso: se trataba de la cuota de responsabilidad social de una industria editorial enferma e idiotizada por los megacontratos y los “beast” sellers. El pequeño ejercicio ético en un negocio que, con muy pocas excepciones, no logra trascender, tomar riesgos y ser generoso con el público. El intento de reivindicación de una industria que ha invadido los quioscos de los aeropuertos y los estantes de las librerías con tristes páginas de vedettes, narcos y bajeza sexual’.

En el Grupo Editorial Norma ya habían acabado con colecciones poco rentables como la de poesía, La pequeña biblioteca y alguna otra. El cierre de Vitral representaría la desaparición de una fórmula para divulgar el pensamiento humanista mucho más eficaz que la de la mayor parte de las editoriales universitarias —con las que ha hecho varias coediciones importantes—.

***



En “Los libros más vendidos del 2008” Morales hace un recuento no sólo de los títulos que mejor se vendieron el año pasado según el listado que publica el periódico El Tiempo, sino también de las editoriales que los publicaron. Morales hace las siguientes anotaciones:

El secreto, de Rhonda Byrne, es el libro más vendido en Colombia según la lista. Estuvo 26 semanas en diversas posiciones del conteo superando a El olvido que seremos (24 semanas), El cartel de los sapos (22) y Mi fuga hacia la libertad (18).

En la quinta posición encontramos, curiosamente, la novela del afgano Khaled Hosseini Cometas del cielo, que no solo fue la novela más vendida en Colombia, sino también uno de los cuatro o cinco libros decentes de ficción que se colaron en la lista, en la que alcanzó 14 semanas. El triunfo de los renacuajos. El best seller que logró más semanas en el primer lugar fue El cartel de los sapos, de Andrés López (Editorial Planeta). Mi fuga hacia la libertad (Planeta) y Siete años secuestrado por las Farc (Aguilar) ostentaron la camiseta amarilla durante cinco semanas cada uno. Germán Castro Caycedo se tomó el listado durante cuatro semanas con su Palacio sin máscara (Planeta) y algo similar le sucedió a nuestro ex canciller con El trapecista (Planeta). Por editoriales, no quedó duda del triunfo de Planeta (20 semanas) y su rival más cercano, Alfaguara, tuvo que conformarse con siete. Editorial Planeta masacra’.

Por otro lado, Morales hace dos observaciones que me parecen bastante dicientes:

1. ‘no hay libros de Anagrama, Pretextos, Acantilado, Crítica, Gedisa, Paidós ni Editorial Panamericana. No hay un solo libro de edición universitaria ni de sellos independientes nacionales tan prestantes como La Carreta, Icono o La Silueta. Escasean los libros intempestivos. El club de libros que aparecen en alguna posición del listado y mueren rápidamente es pequeño’.

2. ‘si quitamos el libro de los chicos afganos, nos quedamos con apenas algunos libros de ficción durante todo el año: Harry Potter y las reliquias, Justos por pecadores, Líbranos del bien, El País de la Canela y Lara y un par más. Ausencia total de novelistas extranjeros salvo por la chillona Isabel Allende. ¿Nadie compra en Colombia libros de Sandor Marai, Philip Roth, Zambra ni Murakami?’


En cuanto a la ausencia de títulos editados por los sellos españoles mencionados por Morales, supongo que en ésta deben incidir el tamaño del público al que van dirigidos y, salvo en el caso de Panamericana, el precio. Con respecto a las editoriales universitarias e independientes supongo que aparte de no interpelar a un público muy amplio, muchas de ellas deben tener problemas de distribución y de acceso a los espacios de comentarios de libros que hay en los medios de comunicación.

¿Por qué la ficción y, particularmente la escrita por autores extranjeros, no se vende tan bien en este momento? Me imagino que la crispación y los sentimientos encontrados provocados por la convulsionada vida cotidiana del país, el oportunismo de ciertas figuras públicas que han atraído la atención de los medios tras haber vuelto a libertad después de haber estado secuestradas o por haber protagonizado algún escándalo con impacto mediático, la tensión entre polarización y unanimismo o el fervor patriotero que ha despertado el estilo populista del presidente Uribe deben haber contribuido de alguna manera al éxito de la no ficción-basura a la que se refiere Morales.

Morales es categórico cuando afirma que ‘si el listado conserva algo de verosimilitud, lo más preocupante de todo es que sea eso lo que los colombianos están leyendo, pues en un 80% se trata de mediocres libros de autosuperación y consejos y de no-ficción basura’.

A mí no me parece preocupante que la gente lea libros mediocres y aprovecho para insistir en que cada quien debe leer aquello que responda a sus gustos, intereses, expectativas y necesidades en un momento dado. El análisis del listado de los títulos más vendidos que propone Morales podría darnos algunas pistas con respecto a los temas que ocupan la atención de quienes compran libros en Colombia.

Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre la alerta que emite Morales con respecto a las fuentes de la lista y a los criterios bajo los cuales se elabora ésta:

‘Hace algunos años propuse en El Malpensante una arqueología de este listado, al que llamé La culpa es de la vaca en honor a un libro dudosamente laureado y a los practicantes que hacían los listados del periódico nacional. Mostré los errores, las pasiones y las falsedades de un ejercicio torpe que por aquel entonces intentaba ser un indicador cultural con cierta credibilidad. Pues bien, debo confesar que, después de tres años, el listado se afinó. Se ordenó, es más coherente, tiene muchos menos títulos y es menos aleatoria la selección.


Sin embargo, se mantienen algunos problemas de credibilidad que provienen del hecho de que es bien probable que una sola librería lo esté dictando casi al pie de la letra y de que Planeta esté exagerando su presencia. Una sola librería, por más grande que sea el centro comercial donde se encuentra, no puede dictar lo que se lee en Colombia y Planeta, por su parte, no debería borrar de forma tan visible a sus competidores. Ediciones B, Santillana o Norma tendrían mucha mejor suerte si los dados no estuvieran cargados’.


No es la primera vez que las publicaciones de la Casa Editorial El Tiempo le dan una visibilidad sospechosamente excesiva a los autores y libros que editan los sellos pertenecientes al Grupo Planeta, que desde el verano de 2007 tiene una participación accionaria cercana al 50 % en esa empresa. Pero bueno, en estos tiempos de concentración de la propiedad de los medios de comunicación y de la industria editorial eso es lo normal y, por lo tanto, no debemos sorprendernos con estas curiosidades ni esperar nada distinto porque es lo que hay.

entrevista a roger chartier / "hay que recordar que la cultura escrita no empieza con la computadora"


Durante nuestra expedición de finales de 2008 a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) tuvimos la oportunidad de charlar un rato con Roger Chartier, el historiador cultural francés cuyo trabajo ha sentado las bases para el desarrollo de una importante corriente de estudios contemporáneos sobre la cultura escrita y la lectura.



Durante la charla que sostuvimos con el profesor Chartier éste nos dio algunas pistas fundamentales para pensar el estado actual y la posible evolución a futuro de varios temas críticos relacionados con los contenidos, la lectura y los usos de las nuevas tecnologías que desde hace un tiempo están presentes en la agenda de quienes trabajamos en campos como la edición, la educación, la documentación o el desarrollo de productos y servicios tecnológicos. Chartier tomó como punto de partida una serie de reflexiones en torno a temas puntuales como la función de las bibliotecas en la organización, la conservación y la difusión del pensamiento impreso, la historia de la cultura escrita a través de los formatos y soportes anteriores a lo digital, los desafíos que presupone la emergencia de las bibliotecas digitales y los riesgos implícitos en todo proceso de digitalización, la manera como las bibliotecas pueden facilitar el acceso a los contenidos digitales allí donde las desigualdades económicas dificultan la adquisición masiva de dispositivos electrónicos de lectura, los tipos de contenidos que mejor se ajustan al formato digital, el impacto de la digitalización sobre las prácticas de lectura y editoriales o sobre el aprendizaje de la escritura, las tensiones a las que deben enfrentarse los bibliotecarios cuando lo digital cuestiona la necesidad de la biblioteca como espacio físico, los aciertos de proyectos como Google Book Search o el repositorio Europeana, los problemas que éstos plantean y los criterios a tener en cuenta para desarrollar los programas de digitalización de colecciones y fondos documentales.

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Como toda buena charla, ésta con Roger Chartier nos ha suscitado algunas preguntas alrededor de todos estos temas al mismo tiempo que nos ha dejado muchas buenas pistas para encontrarles posibles respuestas a éstas.

Antes de terminar vale la pena destacar que el profesor Chartier es una persona no sólo lúcida, aguda y clara, sino también cálida, abierta y generosísima —lo cual se le agradece inmensamente—. Todo un Maestro.

***


Además de dictar en el XV Coloquio Internacional de Bibliotecarios la conferencia magistral “El futuro de la biblioteca. Herencias del pasado, desafío del presente”, Chartier les propuso a los asistentes de la FIL un acto llamado “Hamlet en dos horas” durante el cual tres actores del Grupo S Teatro hicieron una lectura dramática de siete fragmentos de Hamlet que él fue comentando detalladamente al final de cada uno de ellos. A partir del trabajo que durante los últimos años ha hecho Chartier sobre las obras más canónicas de Shakespeare y Cervantes, “Hamlet en dos horas” presupuso un arriesgado e interesante experimento que pretendía llamar la atención sobre la universalidad de la obra y sobre la importancia de ponerla en su contexto abordándola desde una perspectiva histórica al mismo tiempo que proponía ‘liberarse de la forma tradicional de la conferencia porque si podemos inventar otras formas más atractivas, ¿por qué no?’.

En breve el Canal Web & Audiovisual de la FIL en You Tube ofrecerá el visionado del acto “Hamlet en dos horas”.

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