entradas etiquetadas con “lugares comunes”

Viernes, marzo 9, 2007 categorizado bajo edición, literatura, literatura contemporánea

fórmulas / variante # 3 del género negro: el thriller filosófico-místico

El thriller filosófico-místico es la tercera y última variante que he podido identificar del género negro, en la cual las reflexiones, las palabras y el comportamiento del detective sugieren que sus actuaciones se rigen tanto por el método de un sistema filosófico como por una moralidad particulares. Justamente gracias a la aplicación explícita del método en cuestión y a la orientación de un gurú, el detective tiene una revelación que le permite resolver el misterio que se esconde tras los crímenes que está investigando.

El detective es la figura central en este tipo de thriller, por lo cual hay un énfasis particular en los rasgos de su personalidad y en su historia de vida que al final le permite al lector entender su racionalidad y la forma como se aproxima al caso que lo ocupa.

No sobra volver a aclarar que este esquema sólo es una simplificación que permite establecer elementos compartidos por un grupo de textos y que una obra cabe bajo la etiqueta del thriller filosófico-místico si su estructura responde en líneas generales al modelo propuesto.

Lunes, marzo 5, 2007 categorizado bajo edición, literatura, literatura contemporánea

fórmulas / variante # 2 del género negro: el thriller terrenal

Una variante mucho más convencional del género negro es el thriller terrenal. Aunque con frecuencia abordan cuestiones históricas —sobre todo de la segunda guerra mundial y de la guerra fría—, las historias de este tipo no suelen involucrar temas religiosos ni tampoco articularse en torno a referentes pertenecientes a lo que podríamos llamar la alta cultura. A pesar de que es probable que tanto para las editoriales como para el público los thrillers terrenales actualmente resulten mucho menos atractivos que los thrillers religioso-eruditos, considero que la supervivencia de esta variante está lejos de verse amenazada en la medida en que está más arraigada y en que al ser más sencilla tiene menos elementos susceptibles de ser afectados por las modas de un momento dado.


Advierto una vez más que el modelo que propongo, al igual que cualquier otro, no es más que una simplificación a través de la cual intento identificar elementos comunes a un grupo de obras. En esta medida es apenas lógico que en el momento de examinar cualquier obra que intuyamos que pertenece al thriller terrenal, nos encontremos con que a ésta le faltan algunos de los elementos propuestos o bien con la necesidad de añadir algunos elementos que no están en el modelo.

Jueves, marzo 1, 2007 categorizado bajo edición, literatura, literatura contemporánea

fórmulas / variante # 1 del género negro: el thriller religioso-erudito

El thriller religioso-erudito es una de las variantes del género negro que está más en boga actualmente. El éxito en ventas de las historias de este tipo —que da impulso incluso para llevarlas al cine con el propósito de ampliar su ámbito de circulación y de hacerlas generar una nueva fuente de ganancias— responde al hecho de que además de apelar a la historia tanto de la alta cultura como de la religión, exploran los recovecos del poder de las sectas y las grandes corporaciones.

El modelo que propongo, al igual que cualquier otro, no es más que una simplificación a través de la cual intento identificar elementos comunes a un grupo de obras. En esta medida es apenas lógico que en el momento de examinar cualquier obra que intuyamos que pertenece a esta variante del thriller, nos encontremos con que a ésta le faltan algunos de los elementos propuestos o bien con la necesidad de añadir algunos elementos que no están en el modelo.

¿fórmulas del éxito?

Cada género y subgénero literario tiene sus convenciones: la tragedia, la épica, los libros de caballería, la novela realista del siglo XIX, los folletines y los thrillers. Si en su momento estas convenciones debían ser respetadas para legitimar la obra y su pertenencia a un género determinado, hoy en día muchos autores las utilizan como fórmulas para inscribir sus obras en una tendencia que está teniendo éxito en el mercado y, de esta manera, congraciarse con los agentes y los editores para garantizar no sólo la publicación sino también el éxito en ventas de lo que escriben —y, por qué no, la posibilidad de pegarle a un premiecillo—.


De cierta manera la existencia y la aplicación de estas fórmulas —gracias a las cuales la literatura está cada vez más llena de lugares comunes— garantizan el funcionamiento del mercado editorial en la medida en que las editoriales, los agentes, las librerías y los autores deben inventar cada día la manera de hacer que su trabajo sea rentable para poder seguir viviendo de él. Aunque este fenómeno puede ser visto como una perversión del mercado, también hay que tener en cuenta que éste cada vez está más segmentado y, que por lo tanto, a pesar de la concentración de la industria editorial todo el tiempo están apareciendo nuevos nichos que configuran circuitos a los que los grandes grupos editoriales no llegan.



En los próximos días publicaré algunas anotaciones con respecto a algunas de las fórmulas que he podido identificar en algunos ámbitos específicos como la novela francesa contemporánea, el thriller y la novelita romanticona.

Lunes, febrero 19, 2007 categorizado bajo edición, literatura, literatura francesa, literatura latinoamericana

parís y la literatura

¿Habrá una ciudad más literaria que París? ¿Una ciudad que haya inspirado tantas obras literarias, que haya sido tanto el escenario como el tema de tantos relatos dentro o fuera del ámbito de la ficción, que ocupe un lugar tan importante en el imaginario literario y que sea tan estratégica en el mercado editorial?


Desde que empecé a leer literatura he venido llenándome la cabeza de imágenes de París: el primer París que me llegó fue el de la pensión Vauquer de Papá Goriot y luego vendrían el de los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire, el de Rayuela —ese inolvidable momento en el que la luz de ceniza y olivo que flota sobre el Sena deja distinguir las formas de la Maga en el Pont des Arts—, el de Nana, el de Bel ami, el de París era una fiesta, el de Guía triste de París, el de Ampliación del campo de batalla y el de las anécdotas acerca de Wilde, del dadaísmo, del surrealismo, del círculo de Sylvia Beach en la librería Shakespeare & Company — Pound, Joyce, Beckett, Hemingway o Fitzgerald—, de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, de los escritores del boom latinoamericano que en algún momento se fueron a vivir allí —Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa—, de Julio Ramón Rybeiro y de todos los que en algún momento decidieron irse allá para convertirse en escritores.

París y sus lugares comunes


El imaginario literario que se ha construido alrededor de París está lleno de lugares comunes, de los cuales tal vez el más importante es el de que para ser escritor hay que irse allí. Una vez en París, para seguir con los lugares comunes obligados hay que andar toda una tarde lluviosa por el barrio Latino, por el boulevard Saint-Germain o por Montmartre fumando Gitanes y, en medio del recorrido, sentarse a tomarse un café en el boulevard Saint-Michel —o en la Place des Vosges si se tiene un poco de dinero—. Cuando uno ha sido seducido por el encanto de ese París literario que es un mundo paralelo al París real, es inevitable no querer que la vida de todos los días se parezca a lo que cuentan en sus melancólicos relatos Baudelaire, Hemingway, Sartre, Henry Miller y Anaïs Nin, Cortázar, Rybeiro o Bryce Echenique.

Tal vez el aire melancólico, deprimente y desesperanzador es en lo que más se parecen el París literario y el París real. Sólo en las novelitas cursis hay parejas de enamorados que se despiertan una mañana soleada en una suite de hotel cuyo balcón da hacia la Place Vendôme, desayunan pain au chocolat con café en una panadería atendida por su anciano y jovial propietario, luego salen a caminar cogidos de la mano por el Sena en dirección hacia la Torre Eiffel y después almuerzan une soupe à l’oignon y une crêpe sucrée en una terraza bajo las arcadas de la Place des Vosges, donde los atiende un camarero de silueta esbelta y una mirada de esas que atraviesa la ropa.


La República de las letras


Por otro lado, París también es un gran centro editorial. Allí están importantes editoriales como Gallimard, Christian Bourgois, Fayard, Flammarion y Actes Sud que más que una simple vitrina para los escritores son una puerta fundamental hacia su consagración. Jorge Herralde, el editor de Anagrama, incluye en su libro titulado El observatorio editorial una entrevista que le hizo Dunia Gras Miravet en 1999 en la que afirma que “París sigue jugando un papel importante como faro, como promotor en todas las literaturas. Es decir, se da la paradoja de que así como la literatura francesa, salvo excepciones como Michel Houellebecq, está en retroceso desde hace décadas en el panorama internacional, París sigue siendo la capital de la reválida, del despegue, cosa que no tienen ni Londres ni Nueva York, porque casi no publican traducciones. Es decir, para los autores no anglosajones, París sigue siendo todavía absolutamente determinante. Ahora ha aparecido un amplio trabajo, muy interesante, en Francia, que se llama La République mondiale des Lettres, de Pascale Casanova, que nosotros vamos a publicar el año próximo, donde se hace precisamente este análisis sobre el papel central de París. Entonces, para la literatura latinoamericana fue importante pero, en muchos casos, no decisivo. Fue mucho más decisiva Barcelona, en general, o Buenos Aires para Gabo. En algunos casos, sí. El boom Borges empieza en París, en Les lettres nouvelles…”.

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