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diez años de la publicación de pasando página: ¿qué ha pasado desde entonces?

En abril pasado se cumplieron diez años de la publicación de Pasando página, el libro en el que Sergio Vila-Sanjuán da cuenta de la historia de la edición en España desde 1975 hasta 2003. Pasando página hace un completo, minucioso y riguroso recuento de la evolución de la edición literaria española desde los años anteriores al proceso de transición democrática que España vivió en la década de 1970 hasta poco antes de su publicación.

 

Pasando página aborda la evolución en el tiempo de ciertos segmentos del circuito de la edición literaria enfocándose en sus figuras y empresas más destacadas. En su relato Vila-Sanjuán narra, comenta y analiza anécdotas y procesos cuyos protagonistas son autores, editores, agentes literarios, intelectuales, empresarios e incluso políticos que irrumpieron en la escena editorial española a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, cuya intervención en ésta en ocasiones llegó a ser decisiva y que en algunos casos aún siguen ejerciendo una poderosa influencia hoy en día.

 

 

 

 

Considero que Pasando página es el documento más completo sobre la historia reciente de la edición en España y que es una lectura imprescindible para todo aquel que quiera comprender la evolución de una parte importante de la industria editorial española durante las últimas décadas.

 

Desde 2003 han pasado muchas cosas en el mundo de la edición literaria española que han supuesto una transformación de ésta en diversos sentidos. Entre los acontecimientos y/o las tendencias que han marcado hitos en la evolución del circuito de la edición literaria española durante esta década en la que España pasó de un período de bonanza a una profunda crisis económica que ha coincidido con el cambio de paradigma generado por la emergencia de lo digital, vale la pena destacar los siguientes —estoy seguro de que hay montones de omisiones, así que cualquier aporte para complementar este breve listado que fue elaborado con la colaboración de Sergio Vila-Sanjuán será bien recibido—:

 

– el crecimiento sostenido del volumen de títulos publicados entre 2001 y 2010 —en 2011 esta cifra bajó un 6,6% con respecto al año anterior y en 2012 un 2,1%—, que vino acompañado por la disminución del tamaño de las tiradas y por un aumento de las devoluciones.

– la aparición de decenas de pequeñas editoriales independientes, varias de las cuales ya se han consolidado o han alcanzado una continuidad en el tiempo mientras que algunas otras o han cerrado o llevan un buen tiempo sin publicar novedades.

– el fenómeno del libro flotador, que hace referencia a ciertos best sellers que por su volumen de ventas salvan la cuenta de resultados no sólo de la editorial que los publica sino también de muchas librerías: La sombra del vientoEl código da Vinci, la saga de Harry Potter, La catedral del marUn mundo sin finEl niño con el pijama de rayasAnatomía de un instanteLa caída de los gigantes, la saga de Juego de tronos, las trilogías Milllenium, Crepúsculo, Cincuenta sombras y Los juegos del hambre, etc.

– la entrada de Planeta al mercado editorial francés con la compra de Editis.

– el cambio de propiedad de dos de los iconos más representativos de la edición independiente española: Anagrama fue comprada por Giangiacomo Feltrinelli Editore mientras que Tusquets pasó a manos de Planeta.

– la compra por parte de Giangiacomo Feltrinelli Editore de una participación importante en la cadena de librerías La Central.

– la venta de la mitad de Círculo de lectores a Planeta por parte de Bertelsmann, de manera que ambos grupos comparten la propiedad de la empresa.

– la apertura de la cadena de librerías Bertrand a través de Bertelsmann y la posterior adquisición de sus operaciones por parte de Casa del libro, que no siguió explotando la marca.

– la compra del 100% de Random House Mondadori por parte de Bertelsmann, que tuvo lugar poco después del acuerdo de fusión entre Random House y Penguin que dio origen a Penguin Random House.

– la ampliación de la participación de Planeta en Grup 62, que quedó bajo su control.

– la descapitalización y otros problemas financieros de muchas librerías como consecuencia de la caída de las ventas que ha supuesto la contracción del consumo provocada por la creciente agudización de la crisis económica.

– las transformaciones sufridas por el tejido de librerías debido tanto al cierre de diversos establecimientos como a la apertura de otros nuevos —seguramente los puntos de venta que han cerrado son más que aquellos que han abierto—.

– la reducción significativa de las ayudas públicas para el sector editorial como consecuencia de los recortes, que han repercutido sobre la edición, la traducción, las ventas a bibliotecas, la representación española en ferias internacionales, la realización de eventos culturales, etc.

– el aumento de la importancia del mercado latinoamericano para los editores españoles debido a que la situación económica en España no deja de agravarse, mientras que las economías de diversos países del otro lado del Atlántico vienen creciendo sin parar desde hace varios años.

– la emergencia y el lento desarrollo de un mercado cada vez menos incipiente de contenidos digitales.

– la apertura de diversas tiendas de contenidos digitales: por un lado, las de grandes compañías estadounidenses que provienen de las industrias del comercio electrónico, del hardware y de los servicios en línea como AmazonApple y Google; y, por el otro lado, las de actores locales de distintas naturalezas como LibrandaCasa del Libroedi.catleqtorlibrosinlibroCírculo de lectores —primero con Booquo y luego con Nubico, en asocio con Telefónica— o 24symbols.

– la incorporación de los entornos de generación Web 2.0 a la estrategia de comunicación, promoción y marketing de los diferentes actores del sector, que a su vez ha dado pie para la aparición de funciones, oficios, formas de colaboración y puestos de trabajo que hasta hace poco no existían.

– el surgimiento tanto en el segmento de la edición independiente como en los grandes grupos de sellos editoriales nativos digitales.

– la entrada de varias editoriales establecidas al negocio de la autoedición.

– la apertura de sellos editoriales digitales por parte de algunas agencias literarias.

– la aparición de diversas publicaciones que sirven como espacio de información de actualidad, reflexión crítica y análisis sobre el sector del libro y la industria editorial: en primer lugar, la colección Tipos móviles y la revista Texturas de Trama editorial; y, en segundo lugar, algunos blogs especializados cuyos autores son profesionales en activo del sector con perfiles, trayectorias y actividades bien diferentes —hoy en día los imprescindibles de mi blogroll son Antinomias libroCambiando de tercioComunicación culturalLibros y bitiosLos futuros del libroTirant al cap y Verba volant, scripta manent—.

 

 

 

© Lisbeth Salas - Imagen tomada de El Boomeran(g)

© Lisbeth Salas
Imagen tomada de El Boomeran(g)

 

 

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Esperemos que algún día no muy lejano podamos tener un documento del estilo de Pasando página que dé cuenta detallada y rigurosamente de lo sucedido en la edición española desde la publicación del trabajo que Sergio Vila-Sanjuán culminó hace ya más de diez años.

 

Los invito a que en la zona de comentarios aporten referencias a hechos y/o procesos que hayan marcado hitos en la evolución de la edición española en el período 2003 – 2013 y que no estén incluidos en el anterior listado, así como a hacer precisiones o matizaciones con respecto a la formulación de los distintos puntos de éste. ¿Se animan?

una cuestión de derechos

Como dije en mi entrada de ayer, Sergio Vila-Sanjuán explica en Pasando página los cambios que produjo la agente literaria Carmen Balcells en el campo de la negociación de los derechos en la edición española.

Dice Vila-Sanjuán:

‘¿Cuáles son los cambios que Balcells ha propiciado? Principalmente son dos: acabar con los contratos indefinidos e introducir en el mercado del libro español los adelantos’. (Pasando página, pág. 130)



Pero el aspecto al que me refería ayer al hablar sobre las dificultades a las que deben enfrentarse los autores que escriben en castellano para ser publicados en otros países donde se habla su misma lengua es distinto y tiene que ver con la posibilidad de que editores diferentes publiquen una misma obra en distintos países hispanohablantes en lugar de que lo haga uno solo para América y España. Así explica Vila-Sanjuán esta práctica:

‘Es lo que se llama “partición de derechos”, que implica que un mismo libro, en castellano, puede ser vendido a varias editoriales diferentes de España y América creando una división territorial. La razón principal, argumenta Balcells, es que así se asegura una distribución efectiva, mientras que cuando los libros se vendían únicamente a una editorial española resultaban mal distribuidos al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista de Balcells, resulta absurdo desperdiciar el potencial de mercados en alza como el mexicano; hay que aprovecharlo al máximo. Ni que decir tiene que todas estas iniciativas representan auténticas revoluciones para el mercado del libro español y contribuirán decisivamente a configurarlo tal como es hoy’. (Pasando página, pág. 132)


El tema derechos universales para lengua castellana vs. derechos por partición geográfica me suscita varias preguntas:


¿Qué es más favorable para los autores hispanoamericanos que aspiran a que su obra sea conocida en países distintos del suyo donde también se habla castellano: que una editorial tenga los derechos para todo el ámbito hispanohablante o fragmentar los derechos por países? ¿Venderle los derechos universales en castellano de un libro a una sola editorial garantiza su circulación en todos los países? ¿Qué lleva a una editorial que ha comprado los derechos universales en castellano de un libro a moverlo sólo en unos países y a dejarlo quieto en otros? ¿Qué puede hacer un autor que le ha vendido los derechos universales en castellano de un libro suyo a una sola editorial si ésta no lo mueve en ciertos países? ¿Ganan más los agentes y los autores recurriendo al mecanismo de partición de derechos? ¿En qué medida la escogencia de uno u otro mecanismo de gestión de derechos afecta tanto a una editorial independiente como a los sellos pertenecientes a un gran grupo? ¿Qué diferencia existe entre las editoriales españolas y las hispanoamericanas en términos de poder de negociación a la hora de defender de cara a una agencia literaria su posición a favor de uno u otro mecanismo?


Sería bueno saber qué opinan al respecto los autores, agentes y editores a partir de su experiencia.


No es fácil entender por qué, como dice Javier Moreno en HermanoCerdo, conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible. Claramente la cosa no es tan sencilla como hablar de un mercado unificado o como decir que se está desperdiciando el potencial que en términos comerciales y culturales encierra el hecho de tener una masa crítica de cerca de quinientos millones de lectores cuya lengua materna es el castellano.

miércoles, febrero 4, 2009 categorizado bajo agentes literarios, literatura latinoamericana, premios literarios, reseña

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


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Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


– en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





– en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.

jueves, octubre 2, 2008 categorizado bajo edición, industria editorial

entrevista a sergio vila-sanjuán, coordinador de cultura/s / “me interesa aproximarme al mundo de la edición desde la historia cultural”

Debido a la naturaleza de su entorno familiar Sergio Vila-Sanjuán ha estado relacionado con el mundo del libro desde su infancia. Después de haber estudiado Historia empezó a trabajar como periodista cultural y a raíz de un curso sobre edición que tomó en Boston empezó a ocuparse de informar sobre la actualidad del mundo editorial español desde la perspectiva de la historia cultural.

Con el paso del tiempo Vila-Sanjuán se ha convertido en el autor de la historia de la edición española. Su libro Pasando página hace un recuento riguroso de la evolución de la industria editorial española que empieza en el ocaso del franquismo, pasa por la transición democrática y desemboca a principios de la presente década. Se trata de un libro amenísimo, riguroso y muy bien documentado que no se contenta con hacer un relato objetivo sino que, por el contrario, se aventura a plantear interpretaciones que expliquen lo que ha sucedido en el ámbito editorial español durante las cuatro últimas décadas.

Además de coordinar el suplemento cultura/s del diario La Vanguardia de Barcelona, Sergio Vila-Sanjuán ha organizado distintos eventos relacionados con el mundo del libro: el Año del libro y la lectura, el congreso “Los futuros de la industria editorial” y el ciclo “La edición se reinventa”, que se realizará durante este mes de octubre en el CaixaForum de Barcelona. Entre los proyectos que está desarrollando actualmente se destaca la elaboración de una teoría del best seller, por lo cual ha tomado los listados de los libros más vendidos durante los últimos doscientos años con el propósito de establecer categorías que permitan clasificarlos y de identificar elementos recurrentes en ellos.

Martín Gómez: ¿Cuándo y de dónde surge su interés por la historia de la industria editorial española?

Sergio Vila-Sanjuán: Me gusta el mundo de la edición desde niño porque mi padre era escritor y en casa siempre veíamos editores. Mi padre era bastante amigo de Alfredo Herrero, que tenía una editorial llamada AHR que sacó muchos libros. Y también era amigo y colaborador de Rafael Borràs, que es uno de los editores que marcan la edición española de los sesenta. Él le contrató a mi padre varios libros de historia y venía por casa. El ámbito de la edición lo conocí un poco desde entonces y necesité dar algunas vueltas para entender que todas esas cosas que tenía delante me interesaban.

Aproximadamente hacia el año 1977 empecé a trabajar como periodista cultural y al principio me centré en el mundo de los escritores. Entrevisté a muchos escritores de la época como Mujica Lainez, Vargas Llosa y toda esta gente importante que en esa época pasaba por Barcelona. Entre 1991 y 1992 me fui durante un año a Boston a hacer un master abierto con una beca Fulbright y allí tuve la suerte de matricularme en un curso sobre edición que dirigía Gerald Gross, quien era vicepresidente de Mcmillan y tenía mucha bibliografía. Y fue en Estados Unidos que vi que la historia de la edición podía entenderse como una historia de la cultura. En la Universidad de Boston me di cuenta de que se podía hacer una aproximación al mundo de la edición que partiera de la historia cultural, que era lo que me interesaba. Y ese mismo año leyendo The New York Times encontré una sección semanal de actualidad editorial: gente que entraba, gente que salía, fichajes, libros importantes, etc. Entonces cuando volví a Barcelona y me ofrecieron estar al frente de las páginas de libros de La Vanguardia, me autoencargué una sección de actualidad editorial aprovechando información que yo tenía y que no usaba porque para hacer el suplemento de libros cada semana yo hablaba con los editores. Cuando yo les preguntaba ‘qué tenéis, qué pensáis, etc.’ ellos me daban mucha información que sólo utilizaba en parte para encargar las reseñas y para planificar el suplemento pero todo el resto se me quedaba entre las manos.

Creé una sección que se llamaba “Latidos de la industria cultural” que sigo haciendo más de diez años después, aunque he ido cambiando el enfoque. A partir de entonces me dediqué a hacer cada semana la crónica del mundo editorial español. Cuando ya llevaba varios años haciéndolo, pensé ‘hombre, con todo este material quizás debería darle más profundidad a este trabajo’. Y fue entonces cuando escribí el libro Pasando página, que es un intento por explicar la edición española durante la democracia pero siempre con el background de la historia cultural. Soy historiador de profesión y lo que me interesa es cómo la edición incide en la cultura. Eso es lo importante para mí.

M.G.: ¿En qué medida su formación como historiador y su trabajo como periodista cultural han facilitado y enriquecido el desarrollo de sus investigaciones sobre la industria editorial española?

S.V-SJ.: Mi formación de historiador me influye en el sentido de que veo la vida de forma histórica. Para mí es importante la cronología y el rigor en el uso de la metodología. En mi trabajo el respeto de las fuentes es básico. Cuando utilizas algo es necesario acreditarlo bien sea al final o a través de notas a pie de página pero es fundamental que se sepa de dónde viene todo.

Lo que sí que hago en mis libros es mezclar distintas técnicas. Como habrás visto, me interesa mucho la experiencia de primera mano y por eso recurro a testimonios orales y a entrevistas. Esta información de primera mano la mezclo consultando archivos, que en España siempre es un trabajo muy complicado porque las editoriales no los han guardado con mucho cuidado y porque éstas son muy secretistas. Así como la edición americana te da los datos con mucha claridad a través de revistas como Publishers Weekly, aquí algunos editores te los dan y otros no.

Para Pasando página hice algo que aquí no se había hecho hasta entonces: les pedí a los principales editores españoles las listas de ventas reales que se habían producido entre 1975 y 2001, por lo cual creo que doy un ranking lo más aproximado posible al tema. Pero es sólo aproximado porque, insisto, o se ha perdido la documentación o simplemente los editores no quieren dártela. Este aspecto de las ventas es muy complicado.

M.G.: ¿Cómo explica usted el hecho de que en España sigan apareciendo y sobreviviendo editoriales independientes a pesar de la concentración de la propiedad de la industria editorial?

S.V-SJ.: En el caso de la historia del arte Ernst Gombrich dice que siempre hay a la vez una tendencia y su contraria. En la historia cultural rara vez se dan tendencias únicas. Yo creo que lo que está pasando es simplemente que en el mundo de la edición hay una tendencia muy fuerte hacia la concentración y al mismo tiempo otra facilitada por la tecnología actual que permite que con muy pocos recursos se monten editoriales creativas. Luego también pienso que todo esto tiene lugar en espacios determinados como la ciudad de Barcelona, que es un tema que para mí es importante porque soy de aquí y me interesa mucho la historia de la ciudad. Y me ha interesado mucho la historia editorial de la ciudad. Barcelona tiene detrás cinco siglos de historia de relación con el libro que ha facilitado el surgimiento de lo que yo he llamado “el ecosistema del libro”, que es un sistema de agentes que empieza por el autor, sigue con el impresor o editor, y continua con el distribuidor, el librero y el crítico para finalmente desembocar en el lector.

Existen todas estas figuras que se interalimentan, de manera que cuando una ciudad como Barcelona, Nueva York, Buenos Aires, Londres o París crea esta dinámica hay muchas facilidades para que en este espacio ciudadano se sigan desarrollando proyectos relacionados con el libro porque lo tienes todo muy a mano. Ahora con la desmaterialización de la cultura esto es cada vez menos importante, aunque sigue siéndolo. Si tú buscas un traductor, un corrector o una imprenta y lo tienes todo a tiro en un círculo muy cercano, es más fácil que surjan proyectos vinculados al libro. Y creo que ésta es la razón por la que en Barcelona hay un desarrollo editorial tan importante.

M.G.: ¿Cuáles cree usted que son los principales problemas que tiene actualmente la industria editorial española y qué tipo de medidas considera que deberían adoptarse para solucionarlos?

S.V-SJ.: Me gusta el pensamiento positivo, por lo cual prefiero hablar de retos y no de problemas. La verdad es que creo que los tres retos básicos que hay son los que planteamos en el congreso “Los futuros de la industria editorial” que hicimos durante el Año del libro y la lectura. En primer lugar está el reto de la relación con la tecnología. Estamos en el momento de la digitalización, no sabemos muy bien hasta qué punto funcionará el libro electrónico pero está claro que cada vez hay más instrumentos que son friendly y que evidentemente la digitalización ha cambiado muchos mecanismos internos del mundo del libro. Ése sería entonces el primer reto.

El segundo reto estaría en la relación del mundo editorial con la cultura. Para mí el mundo de la edición es importante sobre todo cuando tiene un gran peso cultural pero en estos momentos hay una gran parte de la edición que tiende al entretenimiento. Entonces hay que ver cómo se compensa eso. Los grandes grupos tanto españoles como internacionales son muy conscientes de este reto y si te fijas están haciendo apuestas de calidad que hace veinte años ni se habrían imaginado. Hace veinte años los grandes grupos aspiraban únicamente a la comercialidad. En este momento éstos albergan e impulsan experimentos de cultura que serían iniciativas en el área de investigación y desarrollo (I+D).

Pero finalmente aquellos a quienes actualmente se consideran los grandes editores siguen siendo los editores independientes. Se ha dicho que Jorge Herralde es el último gran editor porque es independiente. Esto cada vez es menos así. Fijémonos que grandes editores americanos están dentro de los grandes grupos. Éste sería el caso de editores como Galassi de Farrar, Straus and Giroux —que pertenece al grupo Holtzbrinck— y el del propio Roberto Calasso, de Adelphi. Cada vez más se busca que el tema cultural funcione incluso dentro de los grandes grupos.

El tercer reto tendría que ver con la relación entre la edición y los grandes grupos de comunicación. Hay una tendencia cada vez mayor a que los grandes grupos de comunicación que actúan en la prensa escrita o en la televisión incluyan también una rama editorial. En España esto pasa con Prisa y con Planeta, un grupo que ha seguido la trayectoria contraria porque su núcleo inicial era editorial y ha ido diversificando sus actividades. Y también pasa por todos lados en países como Estados Unidos e Italia. Esta situación suscita algunas preguntas: ¿cómo se gestiona dentro de un gran grupo la relación entre la parte editorial y la parte mediática? ¿Cómo se evita que la parte editorial sea la hermana pequeña?

M.G.: ¿En qué medida cree usted que la crisis económica está afectando o puede llegar a afectar a la industria editorial española?

S.V-SJ.: Ya está repercutiendo y en este momento los editores lo están sintiendo. Sin embargo, éste ha sido un año muy raro. Ha sido un año de unos best sellers como nunca se habían visto en la historia de la edición española o en lengua hispánica. Este año hay como mínimo tres libros que han superado el medio millón de ejemplares en su primera edición: El mundo sin fin, de Ken Folleto, el último Harry Potter y, finalmente, El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón —en cuya primera edición se han tirado más de un millón de ejemplares—.

Esto nunca se había visto y lo que ha ocurrido este año es que estos grandes best sellers se han vendido mucho más de lo habitual, con lo cual para las librerías ha sido un buen año a pesar de que hay una franja media de escritores que se ha vendido bastante menos. Por otro lado, los editores dicen que ha habido un cierto retraimiento de la compra. Aparentemente la gente está comprando menos libros.

Bueno, creo que este año lo que está pasando es que muchos editores están ajustando sus planes de manera que la temporada que viene publicarán menos libros y quizás harán tiradas más cortas porque muchos de ellos están mirando cómo ajustar los gastos. Los editores intentarán no pillarse los dedos en la temporada 2008 – 2009.

M.G.: ¿De qué manera cree usted que podrían solucionarse problemas como la sobreoferta de títulos publicados por año, la alta rotación en librerías y la homogeneización de la oferta editorial?

S.V-SJ.: No estoy de acuerdo con que la sobreoferta sea tan negativa. En principio prefiero que haya sobreoferta a que haya una carencia de oferta. Es mejor que haya 70.000 títulos que 500. Esto para empezar. Aquí se hace mucho fariseísmo. Es mejor la pluralidad de opciones que el desierto. Dicho esto creo que hay cosas que por selección darwiniana irán a menos. Los editores se están autoajustando desde hace un tiempo. Y sí que habría que acotar este exceso de edición institucional haciendo más pactos con la edición privada y llevando algunos productos a la edición electrónica.

En todo caso no creo que esto incida demasiado en las librerías. Y por otro lado éstas también deben hacer un ajuste muy fuerte. Por primera vez las librerías de supermercado están subiendo en el ranking de las que más venden, convirtiéndose en un fenómeno que se está consolidando. Creo que cada vez las librerías especializadas ofrecen un mayor valor añadido y que a las librerías generalistas medianas les esperan tiempos difíciles, por lo cual tendrán que inventarse algo para sobrevivir y aportar ese valor añadido al usuario.

M.G.: ¿Cuándo y de dónde surge su interés por los blogs literarios y sobre la actividad editorial?

S.V-SJ.: Aparte del mundo editorial, me interesa mucho la teoría del periodismo cultural. Creo que el periodismo cultural se está renovando justamente a través de los blogs. Siempre he intentado tener una visión global del mundo. Cuando estaba en la facultad de Historia iba al Instituto Americano de Barcelona para poder ver las revistas americanas. Yo dedicaba un día al mes a visitar cada uno de los institutos extranjeros de Barcelona con el propósito de leer todas las revistas que venían de los distintos países. Entonces, claro, ahora esto puedes hacerlo vía Internet. Los blogs son un espacio de libertad donde se están planteando muchas cosas interesantes.

Es por esto que he incorporado a La Vanguardia colaboraciones de bloggers como El Llibreter, Subal de La Segona Perifèria o tú mismo. A esta gente que encuentro en blogs le pido que colabore en el suplemento cultura/s porque creo que con su participación este espacio se enriquece y aportamos una información que está muy actualizada.

M.G.: ¿Qué opinión le merece lo que está pasando en el campo de la producción editorial afuera de Madrid y Barcelona —me refiero a otras regiones de España como el País Vasco, la Comunidad Valenciana, Andalucía o Galicia—?

S.V-SJ.: Lo más interesante que he visto últimamente es quizás lo de Almuzara, en Andalucía. Se trata de una editorial que se ha planteado muy en serio y muy profesionalmente. Digamos que Almuzara me parece muy interesante como editorial profesional generalista con medios porque éstos le están permitiendo hacer apuestas serias y seguirlas con radicalidad en el tiempo. Por otro lado, veo interesante la creación de editoriales literarias como Periférica que están haciendo lo correcto al asociarse con algunas otras —como Sexto Piso, Nórdica, Impedimenta, Libros del Asteroide o Barataria— para ganar visibilidad porque solas lo tienen un poco complicado. Son los dos fenómenos que me parecen más interesantes.

Montar una editorial pequeña fuera de Barcelona y Madrid es relativamente fácil —con lo cual puedes hacerlo en Valencia, Santiago o Zaragoza— pero montar una potente es mucho más complicado porque las editoriales tienden a ir hacia los grandes epicentros. Aunque hay excepciones, tradicionalmente el pastel de la actividad editorial se ha dividido entre Barcelona y Madrid. Almuzara ha dicho ‘vamos a competir con Barcelona y Madrid pero con sus mismas cartas’. Y a mí esto me parece bastante valiente e interesante.

Editoriales pequeñas como Periférica o Xórdica están muy bien pero tendrán que seguir buscando estrategias de unión porque si no se perderán en ese gran océano que es el mundo editorial español. Mientras más busquen estrategias de unidad y coordinación más posibilidades tendrán.

M.G.: ¿A su juicio quiénes son las figuras más representativas de la nueva edición española?

S.V-SJ.: Creo que en la nueva generación hay una figura pionera que es Valeria Bergalli, quien montó la editorial minúscula. Valeria hizo dos cosas muy valiosas: montó una editorial independiente con pocos medios y le dio a ésta una línea especializada centrada en la literatura centroeuropea, que la identifica y la visibiliza.

Julián Viñuales es otra figura que me parece muy interesante porque creo que es un hombre con mucha energía. Pienso que Global Rhythm Press está buscando tendencias y que ha marcado un par de líneas tanto con sus libros sobre música como con este tipo de ensayos que publica. Me parece que Julián tiene mucha vocación y capacidad de renovación en el mundo editorial español.


De la generación que ronda los cincuenta años tengo que citar antes que nadie a Joaquim Palau, porque es muy brillante y porque es mi editor. Joaquim ha demostrado en Planeta, en Destino y ahora en RBA que es un crack, sobre todo en no-ficción. Del “Hitler” de Kershaw a la recuperación de Mihail Sebastián, pasando por los libros de historia de Ruiz Domènec y las memorias de Eugenio Trías o de Pepe Ribas, Palau está detrás de varios de los libros más interesantes de los últimos tiempos. Desde el punto de vista de la historia de la edición, Joaquim me encargó a mí Pasando página y a Xavier Moret Tiempo de editores; también está detrás de la publicación de los epistolarios Delibes/Vergés y Pla/Cruzet, o sea que su aportación a este campo ya es de cierto peso.

De nueva generación pienso también en una persona que está en un gran grupo. Se trata de Elena Ramírez, quien desde Seix Barral está haciendo una línea cultural muy coherente. Otro editor que me llama la atención es Malcolm Otero, que está en RBA y que es el nieto de Carlos Barral. Otero ha sido el descubridor de esa escritora revelación de este año que es Cristina Grande. La autora es una escritora zaragozana que tenía un par de libros de cuentos y Otero se fue a Zaragoza, los leyó y le dijo ‘oye, anímate y haz una novela’. Por inspiración del editor la autora hizo la novela Naturaleza infiel, que desde su salida ha sido reeditada varias veces y que ha tenido mucha prensa. Sin el editor quizás este libro no habría existido. Otero es un modelo de editor a la antigua, de esos que trabajan mano a mano con el autor. Ésta es la típica historia que nunca nadie conocerá si no la contamos quienes nos interesamos en el mundo de la edición.

M.G.: ¿Qué percepción tiene con respecto a las relaciones existentes entre los mercados editoriales español e hispanoamericanos en términos de tráfico de autores?

S.V-SJ.: Conceptualmente está igual que en la época del boom. España es receptiva a los autores hispanoamericanos, por lo tanto para éstos es relativamente fácil publicar aquí. Por el contrario, para los autores hispanoamericanos es difícil publicar en países distintos del suyo. En principio la relación entre un autor colombiano o argentino y una editorial chilena o mexicana pasaría antes por España. No es directa. Ésa es mi impresión.

A la inversa, también tengo la impresión de que los autores españoles no acaban de entrar del todo en Hispanoamérica. Siento que hay una cierta reticencia y que cuesta que entren.

M.G.: ¿En su opinión, qué ha cambiado en la industria editorial española desde la aparición de Pasando página?

S.V-SJ.: Un hecho importante es la internacionalización de Planeta con la compra de Editis. Esto es interesante porque es la primera vez que un grupo editorial español pone un pie con fuerza por fuera del mundo hispánico —exceptuando Brasil—. Hasta ahora los grupos españoles actuaban en Hispanoamérica y pare de contar. Varias veces habían intentado sin éxito entrar al mercado hispano de los Estados Unidos. Planeta ha comprado el segundo grupo francés, que tiene un carácter no solamente comercial sino también cultural.

Por otro lado, por primera vez España lanza best sellers internacionales. Durante los años noventa unos cuantos autores españoles salieron fuera por primera vez y tuvieron un gran éxito. Me refiero a figuras como Arturo Pérez-Reverte, Javier Marías o Almudena Grandes. Pero lo que podríamos llamar best sellers globales —es decir, libros que aparecen simultáneamente en distintos mercados, que están en las librerías de aeropuerto y que forman parte del mainstream— empieza en la década del 2000 con Carlos Ruiz Zafón, quien con La sombra del viento entra con fuerza en el mercado anglófono y marca la globalización de la narrativa española.

Durante la década del noventa otros autores españoles ya habían entrado en el circuito europeo. Por ejemplo, Pérez-Reverte ya había tenido un gran éxito en Francia y Marías a su vez se había convertido en un fenómeno en Alemania. Sin embargo, salvo Pérez-Reverte ningún autor español había podido entrar al mercado anglosajón. Ruiz Zafón consigue ser un best seller en Inglaterra y en los Estados Unidos —lo cual es una cosa rara—, a raíz de lo cual entran a esos mercados escritores de una onda más comercial que literaria como Javier Sierra o Julia Navarro. En fin, por primera vez España entra en el mercado del best seller global.

También me parece interesante el boom de las pequeñas editoriales. Hay muchísimas y con que diez de ellas aguanten ya habrá habido una renovación generacional bastante importante. Todas estas editoriales son un vehículo de nueva cultura.

Y hay un fenómeno editorial que me parece interesante porque pone en evidencia cómo el marketing y las nuevas tecnologías se aplican a la experimentación literaria y a la alta cultura. Se trata de la “Generación Nocilla”, que es una literatura elitista y difícil —como sucedió en Francia con el nouveau roman—. A diferencia de los autores del nouveau roman, los de esta generación se han aprovechado muy bien de lo que es el marketing, de las secciones de crónica cultural de los diarios o del mundo editorial y a manera de instrumento de consolidación han utilizado de forma sistemática las herramientas que ofrece Internet como los blogs. Están haciendo lo mismo que siempre han hecho los grandes grupos —generar mucha bulla alrededor de sí mismos— pero aprovechando el potencial de las nuevas tecnologías.

M.G.: ¿Ha contemplado la posibilidad de publicar una edición actualizada de Pasando página?

S.V-SJ.: Para hacerlo tendrían que haber pasado diez años como mínimo. Pasando página salió en 2003. Van pasando cosas y yo voy apuntando lo que ocurre, voy a la Feria de Frankfurt y sigo las polémicas pero creo que todavía es un poco pronto para hacer esa edición ampliada del libro. Ya veremos qué pasa.

M.G.: ¿Existe algún tema relacionado con la industria editorial sobre el que esté investigando en este momento o del que le gustaría ocuparse en un futuro cercano?

S.V-SJ.: Hay dos temas que para mí han sido importantes. Uno se deriva de cuando hice el Año del libro y la lectura en Barcelona en 2005. A raíz de la publicación de Pasando página hubo muchos coloquios y partiendo de este antecedente Ferran Mascarell me pidió que montara este evento, que buscaba crear un gran acontecimiento alrededor del libro —realizamos más de 2000 actos— con la excusa del aniversario 400 de la publicación del Quijote en Barcelona. Yo insistí mucho en crear una fórmula de colaboración entre el sector público —que tiene la vocación de servir a la sociedad y las estructuras para hacerlo— y el mundo editorial —que tiene contenidos y riqueza humana—. Creamos muchos actos en colaboración y hemos dejado una herencia para la ciudad como la semana de la novela negra —que sigue funcionando con mucho éxito—, el Festival de literatura infantil Món llibre y el ciclo de conversaciones en bibliotecas llamado “El valor de la paraula” —por el que han pasado figuras como Martin Amis, Noah Gordon y Rodrigo Fresán—.

La ciudad tiene estructuras y los editores tienen contenidos, por lo tanto si los ponemos en contacto estamos generando riqueza cultural y posibilidades de llevar la lectura al público.

El otro tema que me interesa bastante y que coincide con la presencia catalana en la pasada Feria de Frankfurt es la historia cultural europea a través del mundo del libro. A mí no me interesan los aspectos gremiales o técnicos del mundo del libro. Me gusta el aspecto cultural, así que con el tema de Frankfurt busqué hacer un corte transversal en el libro Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats —traducido al castellano como El síndrome Frankfurt—. Éste es el tipo de cosas en las que estoy trabajando.


En octubre haremos en CaixaForum un pequeño ciclo sobre el mundo del libro, globalización y cultura en el que participarán Jonathan Galassi —de Farrar, Straus and Giroux—, los editores de Faber & Faber y Minimun Fax, Teresa Cremisi —que fue la mano derecha de Gallimard y ahora está en Flammarion— y Pierre Assouline —el periodista y escritor francés que escribe el blog La république des livres en Le Monde—. En este evento discutiremos los retos de la edición en el mundo actual.

Hay otra línea en la que estoy trabajando soterradamente, que es la teoría del best seller. Me interesa mucho el best seller como caja de resonancia de la sociedad. Los best sellers son best sellers porque tocan temas que a la sociedad le interesan. Si no, no lo serían. Los best sellers sintonizan con varias sensibilidades y tocan intereses diferentes. He estado haciendo un estudio del best seller a lo largo de los últimos doscientos años, empezando con los libros más vendidos del siglo XIX como La cabaña del tío Tom o Ivanhoe hasta llegar al presente. He construido una tematización con respecto al tipo de best seller que ha sido más corriente y a las razones por las que un libro se convierte en best seller.

He hecho una división histórica y otra división temática aunque me parece que esta última es mucho más aclaratoria porque permite ver una serie de esquemas que se van repitiendo sistemáticamente. En ocasiones te encuentras con libros que llamo “best sellers que mueven conciencias”, que estilísticamente son muy pobres pero que tienen un mensaje muy fuerte. Me gusta combatir la teoría a la que se alude muy a menudo de que el best seller es sólo banalidad. A veces sí y a veces no. Tengo otras categorías como los “best sellers de afirmación contra la adversidad” y el histórico como Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago o El Gatopardo.

Éste es un tema virgen desde el punto de vista de la historia cultural, en el que estoy trabajando desde hace un tiempo y que he presentado en distintas conferencias.


Nota: foto de Sergio Vila-Sanjuán, por José Luis García Abril.

miércoles, octubre 31, 2007 categorizado bajo best sellers, edición, editores, marketing, promoción, showbiz, star system

el star system de autor

Si ayer explicaba las razones por las que Jonathan Littell me parece un escritor antimediático, hoy voy a referirme al star system de autor que Sergio Vila-Sanjuán define de la siguiente manera:

‘Consecuencia lógica de la ampliación de cobertura literaria por parte de los medios de comunicación y del incremento de presupuesto promocional de las editoriales, se consolida en los 90 un nuevo sistema: el star system de autor. Claro que no todo el mundo puede pertenecer a él’. (Pasando página, pág. 338).


Una consecuencia directa del montaje de este star system de autor es justamente la espectacularización del ámbito de lo literario, en virtud de la cual el libro empieza a promocionarse como cualquier otro bien de consumo —una idea que escandaliza a quienes, alineándose con lo que se conoce como “la excepción cultural francesa”, consideran que “las obras del espíritu” no deben someterse a las reglas del mercado porque, como dice Pierre Assouline, ‘los libros no son naranjas’—.

Cuenta Vila-Sanjuán que cuando la escritora Maruja Torres ganó el premio Planeta debió pedirle consejo al escritor Terenci Moix para afrontar el programa de promoción del libro, quien le dijo:

‘Sé siempre simpática, da conversación, expláyate, nunca desprecies una firma de libros’. (Pasando página, pág. 340).


Una segunda consecuencia perversa de la aparición del star system de autor es la especulación —como en el sector inmobiliario o financiero—: grandes editoriales que por quedarse con un autor que ha tenido cierto éxito o por uno que promete tenerlo le ofrecen anticipos por libros cuyas ventas rara vez terminan cubriendo la inversión y que a menudo terminan siendo pifias que constituyen auténticos descalabros económicos —¿a alguien le suena el caso de Todo un hombre, de Tom Wolfe, por el que Ediciones B pagó en subasta medio millón de dólares para sonsacárselo a Anagrama?—.

A quienes estén interesados en profundizar en este tema a partir de una disección rigurosa, minuciosa, ilustrativa y amena les recomiendo echarle un ojo al apartado “El star system de autor”, del libro Pasando página de Sergio Vila-Sanjuán (Destino. Barcelona, 2003).