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lunes, octubre 17, 2011 categorizado bajo destacados, e-book, edición, edición digital, industria editorial, microformatos

la no ficción y los microformatos digitales

La actual abundancia de contenidos en distintos formatos, la competencia entre todos ellos por acaparar la limitada atención de los consumidores, la contracción del consumo provocada por la recesión económica y el fuerte arraigo que tiene en ciertos circuitos la cultura del acceso gratuito seguramente están incidiendo en la transformación del valor percibido de los libros, la música o las películas. Debido a lo anterior vale la pena plantearse las siguientes preguntas: ¿cuál es el valor que les atribuimos hoy en día a los contenidos? ¿Por cuáles de ellos estamos dispuestos a pagar? ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por ellos?

 

Sobre todo en el campo de la no ficción, los microformatos podrían ser una alternativa interesante a explorar para contrarrestar las dificultades que presuponen las circunstancias enumeradas en el párrafo anterior. Cuando hablo de microformatos en el campo de la no ficción me refiero a textos que no son ni lo suficientemente cortos para ser un artículo ni lo suficientemente largos para ser un libro convencional pero que en cualquier caso pueden ofrecer elementos valiosos para comprender ciertas cuestiones de interés. Estos textos cuya extensión intermedia puede resultar un poco incómoda desde el punto de vista de la creación de un producto comercial funcionan como unidades de contenido autónomas que al ser empaquetadas como libros se definen fundamentalmente a partir de dos rasgos particulares: son de lectura rápida y su precio es accesible —aunque no necesariamente bajo si se establece teniendo en cuenta criterios como los costes asociados a su producción y su valor intrínseco—.

 

Estos microformatos pueden funcionar particularmente bien en el caso de los libros de actualidad cuyos contenidos caducan rápidamente porque se ocupan de coyunturas específicas que en muy poco tiempo pueden evolucionar de manera radical e incluso dejar de suscitar interés. Al eliminar los tiempos y costes asociados a la impresión, al almacenamiento, al transporte y a la distribución, la publicación de estos libros de actualidad directamente en formato digital puede ser una buena forma de ganar tiempo frente a la rápida evolución de las coyunturas que abordan y de reducir al menos en parte el riesgo económico. Aquellas editoriales que tengan una alta capacidad de reacción frente a la actualidad para producir contenidos relacionados con coyunturas susceptibles de despertar interés pueden encontrar un filón riquísimo en este tipo de libros, satisfaciendo con ellos la demanda que se genera cuando el público quiere saber más sobre los temas que están dando de qué hablar en un cierto momento.

 

Entre los casos interesantes de colecciones de libros digitales de no ficción en microformatos se destacan tres proyectos muy diferentes entre sí que fueron lanzados bajo una alianza con Amazon a través de los Kindle SinglesThe Domino Project, TED BooksGuardian Shorts, del diario The Guardian.

 

 

 

En junio pasado Random House Mondadori lanzó ENDEBATE, una colección digital del sello Debate que se ocupa de temas de actualidad y que en su página Web el grupo presenta en los siguientes términos:

 

‘En las inundaciones lo primero que falta es agua potable. Igualmente, en la sobreabundancia acelerada de noticias que hay en la actualidad, se echa de menos la información inteligible; un término medio entre la superficialidad de las redes sociales y la profundidad de los reportajes monográficos que cada vez tenemos menos tiempo de leer.

 

Para llenar ese hueco y plantar cara al desafío digital, Random House Mondadori inaugura ENDEBATE, con la voluntad de que autores reconocidos y prestigiosos expertos traten en aproximadamente 10.000 palabras un tema con el detalle necesario para aclarar la realidad detrás de los titulares y los tópicos, y con la inmediatez y la brevedad que requieren las nuevas tecnologías. La potencia de dichos textos viene dada por la rapidez con que se pueden generar, por no ser muy extensos y por el respaldo del sello Debate y de sus autores’.

 

 

Otras iniciativas interesantes que están recurriendo a los microformatos en el ámbito digital son el sello 40kBooks y la colección Quick Reads, que Apple creó recientemente en su iBookstore.

 

 

En su artículo “In E-Books, Publishers Have Rivals: News Sites” publicado en The New York Times el pasado 18 de septiembre Julie Bosman y Jeremy W. Peters se refieren a la potencial fuente de ingresos que representa para los medios tradicionales la publicación de libros breves en los que se haga un trabajo no tanto de agregación como de ampliación, profundización y enriquecimiento de contenidos que ya han sido desarrollados previamente. En últimas se trata de aprovechar los recursos disponibles —plantilla periodística y técnica, fuentes, infraestructura, bases de datos de clientes, departamento de promoción y marketing, red de distribución y capital económico— y de rentabilizar una materia prima de la que ya se ha hecho uso y cuya producción probablemente todavía no haya acabado de amortizarse del todo. Además de The Guardian, medios como The New Yorker, Vanity Fair y The Huffington Post ya están trabajando en esta línea.

 

Los microformatos son una alternativa interesante para todos en un momento en el que la amplitud de la oferta de contenidos es inversamente proporcional a la disponibilidad de tiempo, de atención y de dinero que muchos consumidores tienen hoy en día. Por lo menos en el campo de la no ficción hay montones de temas por explorar, de necesidades por satisfacer y de oportunidades por aprovechar en estos tiempos convulsos en los que están sucediendo tantas cosas que necesitamos que nos expliquen, en los que la segmentación de los mercados en nichos tiende a ser cada vez mayor y en los que la hiperespecialización del conocimiento nos impide abarcar todos los temas que nos interesan y que en ocasiones nos gustaría explorar para saciar nuestra curiosidad.

 

Dicho esto, las preguntas vuelven a ser las mismas de siempre: ¿cuáles son los tipos tanto de contenidos como de temas que mejor se adaptan a estos microformatos —no sólo en digital sino también en papel—? ¿Cuáles son los elementos alrededor de los cuales debería estructurarse un modelo de negocio que garantice la viabilidad y la sostenibilidad de una iniciativa de producción de libros en microformatos? ¿Cómo establecer el valor y el precio de venta al público de estos libros en microformatos?

¿qué pasó en estas dos semanas de ausencia?

Terminada la mudanza, vuelve [ el ojo fisgón ]. Ya estoy instalado en la nueva casa aunque una buena parte de mis cosas siguen metidas en cajas, maletas o bolsas y mis libros aún no están en su lugar.

A pesar del cierre temporal de [ el ojo fisgón ], durante estas dos semanas de ausencia no dejé de seguir la actualidad del sector editorial en la medida en que me fue posible hacerlo. Hoy quisiera referenciar y comentar rápidamente algunas cosas que pasaron durante los casi quince días que no estuve posteando.

– eForo Publidisa 2010

La segunda edición del eForo Publidisa se celebró el pasado jueves 27 de mayo en Madrid y su cartel de expositores reunió a expertos en la adopción de lo digital por parte del sector editorial y a representantes de empresas de tecnología, de bufetes de abogados especializados en gestión de derechos, de editoriales técnicas y del sector público.

Los tándems Gil & Jiménez y Gozzer & Vicente presentaron sus respectivas anotaciones con respecto al evento.

En la entrada que le dedicaron al eForo Publidisa los paradigmáticos destacan algunos aspectos de los debates que les llamaron la atención:

‘- El discurso de la digitalización ya está asumido: ya no se trata de digitalizar hacia pasado, sino hacia futuro, es decir, orientar los negocios hacia los nuevos escenarios.

– La gran apuesta no son los aparatos, la cacharrería/electrónica de consumo, sino la gestión acertada de los contenidos.

– La clave no está sólo en lograr un partner tecnológico adecuado, sino en asociarse con otras empresas editoriales: solos no podremos hacer nada.

– Aún así, no estamos ante un mercado maduro, ni mucho menos, por lo que se impone la cautela, sin pausa. El pistoletazo de salida lo dará un «caso de éxito».

– Precio del ebook y perspectivas de fututo para este mercado, disparidad de opiniones.

– La línea de acción contra la piratería digital, de forma unánime, no parece ser ni el DRM ni la judicialización’.

Por su parte, los anatomistas —que fueron invitados a hacer una exposición sobre el uso de la comunicación online en el sector editorial— presentaron esta semana su decálogo de conclusiones personales del eForo Publidisa 2010:

‘1. El tamaño del mercado digital es aún muy pequeño y no está maduro, razón de más para aplicar los cambios necesarios y estar preparados para un futuro cercano.

2. Los editores son conscientes de que no pueden desarrollar solos la tecnología necesaria por lo que es un campo abierto a la externalización.

3. El discurso sobre la digitalización debe incluirse de forma natural en todos los procesos productivos.

4. Los lectores o ereader deben seguir evolucionando y, sobre todo, democratizándose a un precio adecuado para que se produzca el boom definitivo de su comercialización.

5. Los editores deben seguir en el cuore del negocio, haciendo lo que mejor saben hacer: editar.

6. La separación entre contenido y continente permitirá la apertura de nuevos modelos de negocio.

7. El editor debe seguir experimentando cosas nuevas para la explotación de sus contenidos. No todos los modelos que se están probando en otros países son exportables a España.

8. La protección mediante DRM y la acción judicial ejemplarizantes son las acciones consideradas menos efectivas para luchar contra las acciones extramercado.

9. Debe haber una reflexión sobre el precio del ebook. No se debería marcar teniendo en cuenta las economías de escala de los libros físicos ni partir del precio fijo.

10. Los verdaderos competidores de los editores en un futuro son los propios usuarios. Las empresas que triunfen serán aquellas que sean capaces de colocar las necesidades del usuario en el centro de su negocio’.

Creo que en sus planteamientos los padadigmáticos y los anatomistas recogen los aspectos básicos del estado de la cuestión con respecto al desembarco de lo digital en el sector editorial: los ejes centrales de la reflexión que está teniendo lugar, posibles maneras de encarar y asimilar lo digital y perspectivas a futuro.

***

– Inicio de la Feria del Libro de Madrid 2010

Con respecto a la Feria del Libro de Madrid vale la pena destacar dos eventos que tuvieron lugar el pasado viernes 4 de junio:

1. Worstsellers: Segunda edición de los libros peor vendidos, en el que participaron Daniel Ortiz (Escalera), Pablo Mazo (Salto de Página), Marian Womack (Nevski Prospects) y Ulises Ramos (Artemisa) bajo la moderación de Juan Cruz.

Con respecto al evento, dice Juan Cruz en su blog del diario El País:

‘Aparte de competiciones, lo que es importante de esta iniciativa es que expone ante la gente la meritoria labor de editores, sobre todo jóvenes, capaces de arrostrar todo tipo de dificultades, en épocas del monocultivo editorial de los grandes éxitos, y de publicar libros que en otros tiempos o en otros países serían asumidos en seguida por las librerías de fondo o por el sistema bibliotecario. Y no sólo pone de manifiesto esa contradicción que hay entre el entusiasmo y los resultados, sino que resalta el sentido del humor (y de la realidad) de editores cuya franqueza contrasta con la reserva de otros que tampoco venden pero que van por la feria y por la vida como si ellos fueron el pico de los best sellers’.

2. El libro y la piratería digital, organizado por CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) y en el que participaron Andrés Trapiello, Aldo Olcese, Antonio María Ávila y Juan Mollá.

En relación con ‘las cifras que han dado los ponentes sobre las pérdidas por lucro cesante que genera la piratería digital de libros’ comenta María José de Acuña:

‘Me gustaría saber cómo se extraen esos porcentajes que llenan los informes oficiales y terminar de convencerme -si tengo que hacerlo-, de que tristemente “nos hemos convertido en una cuna de piratería”, como ha afirmado Antonio María Ávila esta mañana.

Y creo que es necesario que se nos explique la metodología que se sigue en esos estudios porque en la pasada Feria del Libro de Sevilla Joaquín Rodríguez, desmontó el argumento que sostiene que las 200 páginas webs ilegales detectadas concentran el 80% de la piratería que provoca cientos de millones de pérdidas al sector ilustrando al auditorio sobre cómo se hacen esos cálculos econométricos. Rodríguez apuntaba que no se trata de descargas efectivas sino de “meras extrapolaciones a partir del nº de páginas donde hay enlaces que apuntan a sitios desde los que se pueden realizar descargas” y que señalan, en todo caso, “lo que se podría llegar a perder si se descargaran esos contenidos”. Por tanto, si hay explicaciones rigurosas que cuestionan las pesimistas conclusiones de esos estudios, también deberían hacerse oír voces oficiales que las rebatan para que así el ciudadano medio pueda saber a qué atenerse para obtener una opinión propia. Pero vemos que no es así.

Añadiría otra pregunta: si es tan incipiente el mercado de la edición digital en nuestro país, ¿qué es lo que se piratea?’

Para proteger realmente los intereses de sus afiliados las asociaciones gremiales como CEDRO y la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) deberían ocuparse de buscar vías para encarar lo digital en lugar de seguir machacando con el tema de la piratería, que es bastante anterior a Internet, que es inevitable aunque atenuable y que debe combatirse creando una oferta legal amplia que tenga un valor agregado difícilmente reproducible por la oferta pirata.

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– Publicación del artículo Derechos de los lectores de libros digitales en dosdoce.com

El artículo, cuyos autores son Javier Celaya y José Antonio Vázquez, plantea un dodecálogo de derechos a los que por ningún motivo deben renunciar quienes compren contenidos para leer en soportes digitales independientemente del modelo de acceso implantado por la plataforma de distribución proveedora de dichos contenidos.

Dicen Javier y José Antonio:

‘1. Las plataformas de acceso y venta de eBooks no deben comerciar con el historial de compra de los lectores sin su consentimiento previo.

2. Aquellas plataformas que quieran reutilizar con fines comerciales el historial de compra de los lectores para mejorar sus sistemas de recomendación de libros o generar ingresos publicitarios relacionados con las compras realizadas deberán comunicar previamente a los lectores qué tipo de información guardan en sus plataformas, por cuánto tiempo y para qué fines comerciales.

3. El lector de libros digitales podrá acceder a esta información personal en cualquier momento y borrar su historial en caso de considerarlo oportuno.

4. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberán garantizar que los eBooks adquiridos son propiedad de aquellas personas que los han comprado. Tras la polémica decisión de Amazon de entrar en la cuenta de sus usuarios y eliminar los ejemplares digitales vendidos del libro de George Orwell 1984 por discrepancias con su proveedor, se justifica que exijamos que las plataformas de comercialización de eBooks se comprometan a respetar nuestros derechos como consumidores. Ninguna plataforma o librería virtual debería ser capaz de eliminar de mi cuenta un libro ya adquirido o limitar el acceso al mismo sin mi consentimiento expreso.

5. En caso de alquiler, pago por lectura o subscripción de cualquier contenido digital, el usuario debería tener una opción a compra perpetua.

6. Al igual que en el mundo analógico podemos prestar un libro comprado a un amigo, en el mundo digital deberíamos preservar el derecho a realizar préstamos de libros en cualquier formato y sin coste adicional.

7. Se nos debe garantizar la posibilidad de leer cualquier libro de nuestra biblioteca en la nube o plataforma en cualquier dispositivo, sin restricciones ni limitaciones por sistemas, derechos, fronteras, etc., y siempre de una forma amable y legible.

8. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberían permitir que las personas que deseen hacer sus compras en un entorno plenamente privado puedan hacerlo sin que sus datos de compra sean almacenados en ningún momento ni comercializados a terceros.

9. Los compradores de libros digitales podrán eliminar su historial de compra o alquiler, así como destruir los propios libros adquiridos, en cualquier momento y de forma definitiva sin dejar rastro alguno de su previa existencia en ninguna memoria virtual.

10. Los lectores podrán regalar o revender cualquier libro adquirido que ya no se quiera mantener en su biblioteca digital.

11. Los lectores podrán subrayar, marcar y hacer anotaciones de forma anónima en sus libros adquiridos. Aquellos lectores que quieran compartir con otros lectores sus anotaciones personales deberán poder hacerlo, pero si en cualquier momento cambian de opinión también podrán retirar las aportaciones prestadas.

12. Al igual que podemos mantener nuestro número de teléfono móvil si nos cambiamos de operador, las plataformas deberán garantizar la portabilidad de los datos de los usuarios. Si por cualquier motivo un lector abandona una plataforma deberá poder transportar los libros adquiridos, notas e historial de compra a la nueva plataforma de forma fácil y eficiente.

Sin lugar a dudas más que de derechos adquiridos, en muchos aspectos este dodecálogo habla de conquistas que tendríamos que conseguir para protegernos como ciudadanos y consumidores y evitar que la decisión con respecto a lo que podemos hacer con los productos que compramos quede en manos de los proveedores de contenidos y/o de servicios tecnológicos.

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– Publicación del especial de ficción “20 Under 40” que para este verano preparó la revista The New Yorker escogiendo ‘a veinte jóvenes escritores que capturan la inventiva y la vitalidad de la ficción americana contemporánea’.

Los autores seleccionados por The New Yorker en el especial “20 Under 40” son los siguientes :

– Chimamanda Ngozi Adichie

– Chris Adrian

– Daniel Alarcón

– David Bezmozgis

– Sarah Shun-lien Bynum

– Joshua Ferris

– Jonathan Safran Foer

– Nell Freudenberger

– Rivka Galchen

– Nicole Krauss

– Yiyun Li

– Dinaw Mengestu

– Philipp Meyer

– C. E. Morgan

– Téa Obreht

– Z Z Packer

– Karen Russell

– Salvatore Scibona

– Gary Shteyngart

– Wells Tower


Con “20 Under 40” la revista The New Yorker nos está indicando dónde debemos poner el ojo para encontrar la que a su juicio es la mejor narrativa estadounidense joven de nuestros días —tal y como lo hace Granta con sus especiales “Best of Young American Novelists”, “Best of Young British Novelists” y próximamente “Los mejores narradores jóvenes en español”—. El rol prescriptor de estos especiales es tan poderoso y fundamental que para los autores incluidos en ellos puede significar el paso que les hacía falta hacia la consolidación de sus carreras.

lunes, marzo 15, 2010 categorizado bajo 1

the subconscious shelf, en the book bench: los lectores y sus bibliotecas

Desde hace varias semanas el equipo del departamento de libros de The New Yorker viene publicando en su blog The Book Bench una curiosa serie de entradas titulada The Subconscious Shelf, en la que sus miembros comentan las fotos que envían sus lectores de sus bibliotecas personales. La idea parte de la siguiente premia:

‘Usted nos envía una fotografía de su biblioteca y nosotros le decimos lo que ésta dice acerca de usted’.

THE_SUBCONSCIOUS_SHELF_PEQUEÑA

Y luego cada entrada viene acompañada por un slogan que busca a incitar a los lectores a participar:

‘Recuéstese, relájese, deje que los buenos médicos de The Book Bench analicen el contenido de su biblioteca’.

‘Usted y su biblioteca, analizados a través del éter por los poco profesionales de The Book Bench‘.

‘Usted tiene libros. Nosotros tenemos el deseo de juzgarlo a partir de ellos’.

‘Su biblioteca habla a través de sus libros… Nosotros somos todo oídos’.

‘Su biblioteca y usted, uno y el mismo’.

La idea de ‘su biblioteca y usted, uno y el mismo’ me ha hecho pensar una vez más en la biblioteca personal como un proyecto de vida y en sus estanterías como un relato de pequeños fragmentos de esa vida.

¿Qué nos dicen acerca de las personas los libros que hay en su biblioteca, el estado en el que éstos se encuentran, la manera como están organizados o los objetos que los rodean? ¿Qué podemos decir de alguien a partir de la relación que tiene con su biblioteca, del tamaño de ésta o del lugar que ocupa ella en su casa? ¿Hasta dónde una biblioteca en su conjunto es un retrato más o menos fiel de su propietario?

martes, julio 22, 2008 categorizado bajo edición, editores

what we talk about when we talk about love, de raymond carver: versión original vs. texto editado *

Parece que la vida de Raymond Carver sufrió dos transformaciones fundamentales poco antes de que éste le entregara a Gordon Lish, su amigo y editor en Alfred A. Knopf, el manuscrito de la colección de relatos que más adelante se publicaría bajo el título What We Talk About When We Talk About Love [De qué hablamos cuando hablamos de amor]: conoció a Tess Gallagher y dejó de beber.

Parece también que desde entonces Carver estuvo sobrio y con Gallagher hasta el día de su muerte —que tuvo lugar el 2 de agosto de 1988—.

Parece, además, que la de Carver y Lish era mucho más que una simple relación de trabajo entre un autor y su editor.

Parece incluso que Lish era para Carver una fuente de inspiración, un apoyo y su lector ideal.

Parece, por otro lado, que una vez recibió What We Talk About When We Talk About Love Lish intervino muchos de los relatos que conforman el volumen, haciéndoles modificaciones sustanciales —dicen que a algunos les cambió el título o el final y que dos los redujo en cerca de un setenta por ciento—.

Parece, finalmente, que Carver consideraba que muchos de los relatos de What We Talk About When We Talk About Love habían mejorado sustancialmente tras haber pasado por las manos de Lish.

***


En la edición de la última semana de 2007 The New Yorker publicó algunas de las cartas que entre 1969 y 1983 le envió Raymond Carver al editor Gordon Lish agradeciéndole por haber apostado por él, por su generosa amistad y por haber sido su apoyo, pero también pidiéndole que detuviera la edición de What We Talk About When We Talk About Love.

Desde que leí sus cuentos o sus textos de no ficción reunidos en Fires y en No Heroics, Please —que Bartleby editores publicó no hace mucho tiempo por primera vez en castellano— siempre creí que el carácter de Carver tendría que ser tan fuerte y contundente como su escritura. Sin embargo, en algunas de las palabras que el mismo Carver le escribe a Lish el autor confiesa no sólo la fragilidad de su estado de ánimo sino también los defectos de su prosa.

Tras leer esas cartas que ponen en evidencia la inseguridad, la angustia y la desesperación que parecía sentir Carver incluso después de haber dejado de beber, no quise seguir queriendo encontrar la respuesta a una pregunta que venía haciéndome cada vez que pensaba en el escritor estadounidense desde que The New Yorker publicó los fragmentos de su correspondencia con Lish a raíz de la polémica que desató la intención de Tess Gallagher de publicar los textos originales de los relatos de What We Talk About When We Talk About Love: ¿qué pensaríamos hoy en día de la obra de Carver si sus relatos hubieran sido publicados tal y como él se los pasó a Lish o si por lo menos éstos no hubieran sufrido modificaciones tan sustanciales?

A propósito de la polémica que ha generado el caso Carver – Lish quisiera llamar la atención sobre dos aspectos que vale la pena tener en cuenta en todo momento:

1. en cierto sentido una obra como producto final puede ser el resultado de una negociación entre el autor y su editor en la medida en que en ocasiones éste sugiere modificar algunos aspectos puntuales del manuscrito que ha recibido inicialmente.

2. a muchos autores les cuesta trabajo dar por terminada una obra, por lo cual algunas veces hasta último momento —e incluso después de su publicación— siguen considerando que ésta aún podría mejorarse.

Para terminar, a continuación reproduzco algunos fragmentos de las cartas en cuestión que me han parecido bastante conmovedores:

‘You know, old bean, just what an influence you’ve exercised on my life. Just knowing you were there, at your desk, was an inspiration for me to write, and you know I mean that. You, my friend, are my idea of an ideal reader, always have been, always, that is, forever, will be’. (Septiembre 27 de 1977).

‘You’re my hero —don’t you know? (…) Your friendship and your concern have enriched my life. There’s no question of your importance to me. You’re my mainstay. Man, I love you. I don’t make that declaration lightly either…’. (Mayo 10 de 1980).

‘You’ve given me some degree of immortality already. You’ve made so many of the stories in this collection better, far better than they were before. And maybe if I were alone, by myself, and no one had ever seen these stories, maybe then, knowing that your versions are better than some of the ones I had sent, maybe I could get into this and go with it’. (Julio 8 de 1980).

‘Now much of this has to do with my sobriety and with my new-found (and fragile, I see) mental health and well-being. I’ll tell you the truth, my very sanity is on the line here’. (Julio 8 de 1980).

‘I’m afraid, mortally afraid, I feel it, that if the book were to be published as it is in its present edited form, I may never write another story, that’s how closely, God Forbid, some of those stories are to my sense of regaining my health and mental well-being…’. (Julio 8 de 1980).

‘If the book comes out and I can’t feel the kind of pride and pleasure in it that I want, if I feel I’ve somehow too far stepped out of bounds, crossed that line a little too far, why then I can’t feel good about myself, or maybe even write again; right now I feel it’s that serious, and if I can’t feel absolutely good about it, I feel I’d be done for’. (Julio 8 de 1980).

‘Can you put the book off until Winter or Spring of 1982 (…)? (…) No, I don’t think it shd. be put off. I think it had best be stopped’. (Julio 8 de 1980).

‘I may as well say it out now, I can’t undergo the kind of surgical amputation and transplant that might make them someway fit into the carton so the lid will close’. (Agosto 11 de 1982).


* De alguna manera en esta entrada matizo algunas de las cosas que dije en otra anterior titulada “de qué hablamos cuando hablamos de las intervenciones abusivas de un editor”.

viernes, julio 18, 2008 categorizado bajo ilustración

el impacto de la imagen

Es impresionante la repercusión que puede llegar a tener una ilustración —claro, ésta toca un tema sensible en un momento particularmente crítico y está en la cubierta de la edición de esta semana de The New Yorker—.

¿Qué pensará Barry Blitt, el autor de la ilustración, sobre el impacto que ha tenido esta pieza?


Recomiendo echarle un ojo a la entrada The New Yorker tropieza’, de León Krauze, en el blog de la redacción de la revista Letras libres.