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Martes, Julio 23, 2013 categorizado bajo edición, escritores, escritura, industria editorial, literatura británica, marketing

el autor como marca: la verdad sobre el caso robert galbraith (más conocido como j. k. rowling)

Las reacciones y el impacto en ventas que provocó la noticia de que la escritora británica J. K. Rowling había publicado la novela policíaca The Cuckoo’s Calling bajo el seudónimo de Robert Galbraith pone en evidencia la importancia del autor como marca. Esta novela cuyo autor fue presentado en su momento como un ex investigador de la Royal Military Police salió al mercado el 18 de abril de 2013, hasta el pasado domingo 14 de julio había registrado un volumen de ventas modesto y había tenido una acogida más bien positiva entre ciertos reseñistas y comentaristas de libros. The Cuckoo’s Calling supuestamente era la opera prima de Galbraith y fue publicada por el sello Sphere de la filial británica de Little, Brown Book Group —el mismo grupo que a finales de septiembre de 2012 publicó The Casual Vacancy, la primera novela para adultos de Rowling—.

 

 

 

THE_CUCKOOS_CALLING_WEB

 

 

 

Una vez se supo a través de una presunta filtración del abogado Chris Gossage de la firma Russells Solicitors que detrás del desconocido Robert Galbraith se escondía J. K. Rowling las ventas de The Cuckoo’s Calling se dispararon, coincidiendo justo con la víspera del lanzamiento de la edición de bolsillo de The Casual Vacancy —que salió al mercado el pasado jueves 18 de julio—. ¿Se trata de una metida de pata debido a la indiscreción de un abogado de la firma de la que Rowling es clienta que habló más de la cuenta con la mejor amiga de su esposa —que fue quien difundió la información vía Twitter— o de una estudiada jugada de marketing que orquestaron conjuntamente la autora, su agencia literaria —que también decía representar a Galbraith— y Little, Brown Book Group? Si vamos más allá de lo meramente anecdótico, la respuesta a esta pregunta importa poco. Lo realmente importante en toda esta historia es lo que tiene que ver con la trayectoria que siguieron las ventas de The Cuckoo’s Calling después de que Rowling, su agencia literaria y su editor confirmaron que en efecto la autora de la saga de Harry Potter y Galbraith eran la misma persona.

 

Entre el 18 de abril y el pasado 14 de julio Little, Brown Book Group había vendido 1.500 ejemplares de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido. A raíz de la revelación de que la autora de The Cuckoo’s Calling era Rowling la editorial tuvo que mandar a imprimir 140.000 ejemplares de la novela para responder a los pedidos de los puntos de venta británicos, que rápidamente habían agotado sus existencias y que debían atender la demanda de su clientela. Como en el mundo digital no aplican los principios de la economía de la escasez que rigen la producción, la distribución y la comercialización de mercancías físicas, quienes no pudieran hacerse con un ejemplar en papel de The Cuckoo’s Calling mientras tanto podían comprar en cualquier momento la versión digital de la novela —que según informa Digital Book World, fue el e-book más vendido en Estados Unidos en la semana del lunes 15 al domingo 21 de julio pasados—. Ayer The Bookseller reportó que a partir del domingo 14 de julio las ventas de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido se dispararon un 41.000%.

 

La fidelidad a Rowling y la curiosidad con respecto a su nuevo libro pudo haber llevado a muchos lectores a comprar The Cuckoo’s Calling cuando se reveló la verdadera identidad de su autora. Rowling parece ser una marca lo suficientemente potente como para vender cualquier producto editorial que lleve su firma independientemente del género al que pertenezca. La firma de J. K. Rowling en sí misma ya es un argumento de venta. ¿Cuántos autores —independientemente de los géneros de los que se ocupe su obra y de la factura de ésta— quisieran que su marca fuera así de potente y que su firma tuviera este poder? Supongo que cuando un autor publica lo que escribe es porque quiere que su obra se venda, circule y se lea tanto como sea posible —y me imagino que el orden de prioridad con respecto a estos tres elementos puede variar de un caso a otro—. Por otro lado, está claro que para muchos lectores el nombre del autor es no sólo la vía más fácil para buscar, encontrar o descubrir un libro sino también un criterio central en el proceso de selección de sus lecturas.

 

¿Por quién vendrán firmadas las próximas ediciones de The Cuckoo’s Calling, por Robert Galbraith o por J. K. Rowling? ¿The Cuckoo’s Calling conservará la firma de Robert Galbraith y para asegurarse un gancho comercial la editorial aclarará de alguna manera que detrás de este nombre se esconde J. K. Rowling, tal y como hace Alfaguara cuando anuncia mediante una pegatina que pone en las portadas de sus novelas que ‘Benjamin Black es John Banville’?

 

Si alguien quiere interrogar a la autora con respecto a la verdadera historia detrás de The Cuckoo’s Calling, de momento tendrá que esperar porque en el espacio de la página Web de la editorial dedicado a la novela se anuncia que ‘J.K. Rowling will not be available for interview’.

 

Con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Ten Lessons Learned from the Outing of J.K. Rowling as the Author of The Cuckoo’s Calling, que fue publicado ayer en Digital Book World.

Jueves, Febrero 14, 2008 categorizado bajo librerías, novedades editoriales, ventas de libros

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 10 ]

Ayer estuve de visita en la librería Negra y Criminal, ubicada en una pequeña calle peatonal en el corazón de la Barceloneta. En esta pequeña librería especializada podemos no sólo tener la seguridad de encontrar fácilmente aquellas obras del género negro que estemos buscando, sino también descubrir nuevos títulos y autores de este tipo de literatura.



Aprovecho la ocasión para agradecerle a Paco por su conversación y por el ejemplar que me regaló de Manual práctico de cocina Negra y Criminal, de Montse Clavé.


Librería: Negra y Criminal (Calle de la Sal, 5)


Fecha: miércoles 13 de febrero de 2008 (4.38 p.m.)


Algunos libros de la mesa de novedades:


El halcón maltés, de Dashiell Hammett


Echo Park, de Michael Connelly


Unos por otros, de Philip Kerr


Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes, de Carlos Pujol


Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma


Tannöd, el lugar del crimen, de Andrea Maria Schenkel


Crepúsculo en Oslo, de Anne Holt


La tercera virgen, de Fred Vargas


Y punto, de Mercedes Castro


La hora de la verdad, de P. D. James


Sé que mi padre decía, de Willy Uribe


Nido vacío, de Alicia Jiménez Bartlett


Lanús, de Segio Olguín


Los crímenes del Museo del Prado, de Tomás García Yebra


Un disparo, de Lee Child


Luna de Escarlata, de Rolo Díez


El accionista mayoritario, de Peter Márkaris


Méndez, de Francisco González Ledesma


La neblina de ayer, de Leonardo Padura


Pálido criminal, de Philip Kerr


Sabores que matan, de Raquel Rosemberg


La prima K, de Yasmina Khadra


Trilogía de Argel, de Yasmina Khadra


De tot cor, de Andreu Martín


La pensió Eva, de Andrea Camilleri


Dictionnaire des littératires policières, (dirigido por Claude Mesplède)


Cadáver de ciudad, de Juan Hernández Luna


Las palabras y los muertos, de Amir Valle


Una noche de perros, de Hugh Laurie


Manual práctico de cocina Negra y Criminal, de Montse Clavé


Geometrías de la memoria. Conversaciones con Manuel Vázquez Montalbán, de Georges Tyras

Miércoles, Febrero 6, 2008 categorizado bajo Sin categoría

bcnegra 2008


Durante toda esta semana se celebra en distintos lugares de Barcelona la tercera versión de BCNegra, un evento sobre literatura negra que desde 2006 organiza por esta época el Institut de Cultura de la ciudad con el apoyo de distintas instituciones públicas, organizaciones privadas y editoriales.

La programación de BCNegra puede verse aquí.


A quienes estén interesados en la crónica de los distintos eventos, les recomiendo echarle un ojo al blog de la librería Negra y Criminal —un auténtico paraíso para los amantes del género negro, ubicado en plena Barceloneta y atendido por sus propietarios—.

Vale la pena destacar la entrega del Premio Pepe Carvalho a la escritora inglesa P. D. James, que tendrá lugar el próximo viernes 9 a las 7.30 p. m en el Palau de la Vireina.


BCNegra es un evento comisariado por Paco Camarasa que cuenta con el apoyo de Alea Editorial, Editorial Alfaguara, Editorial Alagaída, Alianza Editorial, El Andén Editorial, Ediciones B, Editorial Columna, Ediciones Destino, Edicions 62, Maeva Ediciones, Nausicaa Ediciones, Editorial Planeta, Edicions Proa, Editorial RBA, Roca Editorial, Sirpus Editorial, Editorial Tropismos, Tusquets Editores, Umbriel Editores, Brigada 21, Col·legi de Detectius Privats de Catalunya, Institut d’Educació de Barcelona, Institut d’Estudis Baleàrics, Institut Francès de Barcelona, Institut Goethe y Xunta de Galicia.

Sábado, Agosto 11, 2007 categorizado bajo lecturas de fin de semana

lecturas de fin de semana [ 40 ] / ‘nuevas armas para la novela negra’

Interesante artículo aparecido en la edición de hoy de Babelia acerca del auge de la novela negra y de las tendencias que aparecen en las obras de este género que se han publicado recientemente en España.


REPORTAJE: NUEVAS ARMAS PARA LA NOVELA NEGRA

Historias trepidantes en clave criminal

Rosa Mora 11/08/2007


La novela policíaca vive un auge indiscutible. Prueba de ello son los aires de renovación que se perciben en España, el esplendor de la nueva narrativa negra francesa o la aparición de nuevos autores suecos, en la línea marcada por Maj Söjwal y Per Wahlöö o Henning Mankell. Lo negro experimenta, además, una afortunada contaminación de otros géneros con resultados muy potentes.


Nunca como ahora se habían mezclado tantos géneros bajo la etiqueta de negra. Un librero de Barcelona, Paco Camarasa, de la Negra & Criminal, ha acuñado el término negro-criminal, pero la cosa va más allá de lo puramente negro o de lo policíaco. Las simples historias de investigación detectivesca están pasando a la historia, aunque seguro que también tienen partidarios. En cualquier caso, en este verano de 2007 hay un puñado de buenas novelas y sea cual sea la clasificación que quieran darle se perciben dos grandes líneas: las novelas duras, que exploran todos los aspectos de la violencia, de una violencia cercana y doméstica; y las historias, grandes o pequeñas, de lectura trepidante en clave negra.

En medio de todos, un escritor fascinante, el irlandés John Connolly, que desde que publicó Todo lo que muere parece que está escribiendo siempre la misma historia o, mejor dicho, hay una continuidad temática absoluta en sus novelas, El poder de las tinieblas, Perfil asesino, El camino blanco y, ahora, El ángel negro, publicadas por Tusquets. Todas protagonizadas por el policía convertido en detective privado Charlie Parker, un hombre atormentado por el recuerdo de su esposa y de su hija asesinadas salvajemente. Ni siquiera su nueva familia impide que siga oyendo las voces del pasado y ese pasado es terrible, siempre vinculado a la religión, a sectas, al Más Allá tenebroso. Con personajes malvados y misteriosos, como el Reverendo Faulkner, antes, o el repugnante Brightwell, ahora, que parecen surgidos de otra vida. En El ángel caído, Connolly nos lleva del mundo de la prostitución y los chulos, de la desaparición y asesinato de jóvenes, a un monasterio cisterciense cerca de Praga, en el siglo XV, al osario de Sedlec, a la secta de los Creyentes. Una novela intensa, compleja, negra, histórica, religiosa.

En la línea dura, Walter Mosley es garantía. En su nueva entrega, Beso canela (Roca Editorial), encontramos de nuevo a su detective negro Easy Rawlins con una vida estable. Ha conseguido un trabajo fijo como jefe de conserjes de un instituto de Los Ángeles, ya posee licencia de detective y tiene una familia estupenda. Todo cambia cuando su hija cae gravemente enferma y necesita dinero. Está dispuesto a asaltar un furgón blindado o a lo que sea. Lo bueno de las novelas de Mosley es que siguen la evolución de una comunidad de negros desde su salida de Luisiana y Tejas, huyendo del racismo y la marginación, hasta California, donde siguen luchando por sus derechos. Ahora estamos en 1966.

A tener en cuenta también a otro estadounidense menos clásico, Harlan Coben, empeñado en destruir el sueño americano. En La promesa (RBA) hace casi una parodia: en una aparentemente idílica localidad cercana a Nueva York desaparecen dos muchachas en poco tiempo, las dos acaban de cumplir 18 años, las dos están embarazadas. Nadie sabe exactamente si se han fugado o las han secuestrado, pero los padres están muy nerviosos y todos van armados. Por si fuera poco, una ex estrella del baloncesto se siente obligado a intervenir en plan rescate apoyado por un amoral y multimillonario amigo.

El lío es fenómenal, casi cómico, pero en el fondo yace su habitual crítica al american way of life, a la competitividad para entrar en las universidades y al papel que representa el deporte en la universidad.


A la británica Susan Hill la comparan con P. D. James. Su policía, Simon Serrailler recuerda al comandante Dalgliesh de James. Si éste escribe poesía, Serraillier dibuja y expone. También como a James, le gusta explorar la muerte y la violencia afecta a las personas. En El peligro de la oscuridad (Edhasa), tercera novela de la serie de Serrailler, el policía se obsesiona con los repetidos secuestros de niños.


Cinco historias fabulosas


En la parte más ecléctica tenemos cinco gozosas lecturas. Novelas muy diferentes, todas con sus elementos de suspense, pero que trascienden el género negro y, casualidad, las cinco han sido escritas por mujeres. La gran sorpresa es Así vuela el cuervo (Lumen), de la canadiense Ann Marie MacDonald. Es un novelón de más de mil páginas, de estructura compleja y argumento muy bien trabado, que engancha. Desde la primera página sabemos que se ha cometido un asesinato, pero hasta la 452 no nos enteramos de que una niña, Claire, un día no volvió a casa.

Todo empieza en 1962 cuando la familia McCarthy regresa a Canadá. Jack, el padre, es militar y ha sido destinado a una base. Mimi, la madre, es encantadora y los hijos, Mike y Madeleine, estupendos. La novela se desarrolla a diversos ritmos, primero, muy despacio, luego, a mayor velocidad, a menudo, a través de los ojos de Madeleine. La imagen de familia feliz se va desvaneciendo. El profesor abusa de las niñas, entre ellas, Claire y Madeleine, que no se atreven a decirlo. Jack recibe el encargo de cuidar de un científico nazi que interesa a los políticos por sus conocimientos de física nuclear. En realidad, es un criminal y torturador nazi y se convierte en el gran secreto de Jack. La sombra de la II Guerra Mundial se percibe aún ominosa y ya estamos en la guerra fría. La crisis de bahía Cochinos enrarece el ambiente de la base.

La violación y asesinato de Claire trastoca por completo la vida de todos. Un joven de 15 años es detenido, juzgado y condenado a muerte. Es inocente. Jack lo sabía, pero no podía hablar porque estaba protegiendo a un nazi. Este silencio pesará sobre su vida y la de su familia para siempre. Así vuela el cuervo es la crónica de un desmoronamiento, pero también la de una resurrección.

También se devoran los libros de la alemana nacida en Shanghai Ingrid Noll. Es la autora/autor que más se parece a Patricia Highsmith, sólo que en vez de tener un personaje amoral como el fantástico Tom Ripley ha creado deliciosas mujeres amorales. Como Highsmith, Noll parte de hechos a cotidianos para convertirlos en sombras amenazadoras. En todas sus novelas se vive la sensación de peligro inminente. En Como una dama (Circe), dos amigas viudas, de 70 años, deciden vivir juntas. Lore es elegante, intelectual, tiene dinero, resulta fría. Anneliese es gordita, simpática, le encanta cocinar, comer y la jardinería. Sabe muy bien cómo combinar hierbas. Así se cargó a su marido y está dispuesta a utilizarla siempre que sea necesario. La convivencia apacible de las septuagenarias cambia cuando ambas se interesan por el mismo hombre. Los celos, los defectos de cada una, las intrigas, todo sale a la luz. Noll, una escritora que crea adicción, aprovecha esta peripecia para reflexionar sobre la invisibilidad de las mujeres mayores.

Las historias de la francesa Fred Vargas también son adictivas, aunque en sus novelas son casi más interesantes los personajes que las tramas. En Sin hogar, ni lugar (Siruela) reencontramos a Louis Kehlweiler, también conocido como el Alemán, y a sus amigos, la ex prostituta Marthe, y a los cuatro tipos que viven en un viejo caserón: Marc Vandoosler, medievalista que tras 12 años de desempleo trabaja como profesional de la limpieza doméstica; Vandoosler el Viejo, su tío, un ex policía; Lucien Devernois, especializado en la I Guerra Mundial, y Mathias Delamare, que es prehistoriador. Todos corren cuando Marthe pide ayuda para un protegido suyo no muy espabilado acusado de haber matado a dos mujeres.

El cuento número trece (Lumen), de la británica Diane Setterfield, y La pared vacía (Lumen), de la estadounidense Elisabetth Sanxay Holding (1889-1955), ya llevan meses en las librerías y varias ediciones, pero si no las han leído aún, háganlo, de verdad, valen la pena. La primera narra la vida de una escritora de éxito, Vida Winter, una historia de hermanas gemelas, de una niña fantasma y de una mujer muerta en un incendio 60 años antes. La pared vacía es la afortunada recuperación de Sanxay Holding, que cuenta cómo se trastoca la vida de una mujer de clase media cuando su hija adolescente se enamora de un gánster.


Como ven, hay donde elegir y más, pero si van a una librería encontrarán mucho más.

Nota: para ver todas las entradas de [ el ojo fisgón ] sobre el thriller, hacer clic aquí.

Domingo, Julio 8, 2007 categorizado bajo lecturas de fin de semana, literatura contemporánea

lecturas de fin de semana [ 31 ] / ‘la novela negra se dispara’

En el número de esta semana el suplemento El Cultural publica una entrevista de Nuria Azancot a cuatro destacados autores españoles del género negro en la que les pide que expresen su punto de vista con respecto tanto a las influencias como a las tendencias más importantes de éste.


La novela negra se dispara
Nuria Azancot


Lorenzo Silva, Jorge M. Reverte, Andreu Martín y Alicia Giménez Bartlett descubren las claves del género


Tal vez sea el calor, o el cansancio. O la violencia cotidiana que todo lo corrompe. Lo cierto es que nunca la novela negra había conocido en España un éxito como el actual. Y no hace falta ser Maigret ni Poirot (o el Wallander de Mankell) para comprender cuánta culpa tiene en ello la Semana Negra de Gijón, que celebra este año su XX edición y que mañana da comienzo con la salida desde Madrid de un tren cargado de autores. Además, RBA ha creado un premio dotado con 125.0000 euros, el más importante del mundo en su género, y se multiplican las novedades y el interés del lector. El Cultural ha invitado a Andreu Martín, Alicia Giménez Bartlett, Jorge M. Reverte y Lorenzo Silva, cuatro de nuestros más destacados autores “negros”, para que desvelen sus secretos. Y anticipamos el comienzo de Zapatos negros, la última novela de Henning Mankell, que edita Tusquets en otoño.

–¿Es posible hablar de una novela negra a la española?


Andreu Martín: Sin duda. Desde que, en los años 80, con Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Julián Ibáñez, Martínez Laínez, etc, rompimos años de silencio o abulia y creamos un auténtico movimiento innovador y redescubridor, hay una novela negra española.

Lorenzo Silva: Desde luego, es perfectamente posible, sobre todo si nos sacudimos ciertos complejos que nunca han tenido mucho sentido pero que ahora tienen todavía menos. La española es una sociedad desarrollada, compleja, llena de contradicciones y conflictos. Es, por desgracia, un caldo de cultivo ideal para toda clase de criminalidad, sin que nos falte ya de nada, desde las más diversas mafias hasta asesinos en serie. Y la manera de enfrentar esa realidad es peculiar y distinta del modo en que lo hacen otros: aunque sean homologables en muchos aspectos, ni nuestra policía ni nuestros jueces son como los de Francia o Inglaterra.

Alicia Giménez Bartlett: Yo, en cambio, no creo que pueda hablarse en propiedad de una novela negra española. Ha habido precedentes muy notables como García Pavón o Vázquez Montalbán, pero han sido escritores aislados, jamás dentro de una corriente o una tradición. Actualmente somos un puñado los novelistas “negros”, pero ignoro si se puede hablar de nosotros como de “grupo”. Supongo que no. Sin embargo, sí tenemos un espacio en la llamada “novela negra europea”, que vive un momento esplendoroso. Por primera vez esta novela ha superado en interés y renovación a la novela negra norteamericana. Incluso los críticos de Estados Unidos le conceden un lugar excepcional.

Jorge M. Reverte: Pues lo que yo creo es que hay novelas negras escritas por españoles. No me parece que sea muy correcto decir que haya, por ejemplo, una escuela de escritores a la española. Yo, al menos, no me siento partícipe de nada parecido. Ni escribo intentando seguir un canon prefijado ni me he hecho socio de ningún club de escritores. Otra cosa es que algunos de ellos me parezcan muy buenos.

El amigo americano

–¿En qué se diferencia de la norteamericana, la inglesa o la sueca (con Mankell como ejemplo principal), ahora tan de moda?


A. Giménez Bartlett: La diferencia con la novela anglosajona parece estribar en un mayor tratamiento de temas sociales. También en una huida de los estereotipos. Los temas se tratan con mayor profundidad y realismo. No hay grandes asesinos en serie sino una mirada al mundo del delito real, significativo socialmente. ¿La diferencia con Mankell? Hay quien separa novela europea nórdica y mediterránea. Los detectives del sur somos más vitalistas y con mayor sentido del humor.

J. M. Reverte: Hay una influencia notable de los escritores de novela negra norteamericanos sobre escritores españoles, que está radicada en el lenguaje cinematográfico. No hay que olvidar que Chandler o Hammet tenían esa referencia. La diferencia no puede ser otra que el paisaje humano y geográfico. Pero las diferencias son enormes entre autor y autor, y no vienen dadas por la nacionalidad, sino.

A. Martín: Bueno, se ha llegado a hablar de una novela negra mediterránea contrapuesta a una literatura del norte. Aquí, somos más hedonistas: nuestros personajes se detienen a comer, y a comer bien. En realidad, más que eso, es que la novela negra describe una sociedad muy próxima al lector y éste siempre se identificará más y mejor con una novela que le hable de aquello que conoce o cuya autenticidad puede comprobar sólo con salir a la calle. La realidad americana, sueca o inglesa nos la creemos bajo palabra de honor, pero es muy diferente y lejana de la nuestra. Y el tono con que se relata y el código moral asumido. Se puede hablar de corrupción y de crimen organizado en general, pero los españoles entenderemos mucho mejor Pájaro en mano, de Juan Madrid, que habla de la corrupción en Marbella. La policía y el funcionamiento de la justicia son completamente distintos en un país y en otro.

–Llevan muchos años cultivando el género: ¿cuál es el mayor cambio que han experimentado en estos años como autores?

L. Silva: Yo he mantenido desde el principio mi convicción de que en la novela negra, como el cualquier clase de novela, la clave está en los personajes. En que tengan empaque y una personalidad distintiva, tanto los principales como los más secundarios. Si la novela negra es una novela social, su valor depende del mosaico de individuos que acierte a recoger. He evolucionado en cuanto al tipo de personajes que muestro, procurando acompasarme a los cambios en la sociedad española, y también en cuanto a la profundidad con que retrato a los protagonistas. Cada vez me interesan más ellos, lo que son y sienten mientras hacen su trabajo.

J. M. Reverte: Yo, más que cultivar el género he utilizado algunos códigos del género para contar ciertas cosas. De mi serie de Gálvez se ha dicho también que es novela de humor o costumbrista, o de seres desvalidos. Es decir, el género me cae encima más que otra cosa. Hay un impulso taxonómico evidente en nuestro país que fuerza eso. A mí, en realidad, cuando me preguntan sobre qué género cultivo digo que la novela. Cambios en la serie de Gálvez ha habido muchos, porque el personaje ha ido envejeciendo.

A. Giménez Bartlett: He notado un mayor interés por el género en todas partes y cuando voy a países extranjeros observo que la curiosidad por la nueva sociedad española es creciente. Los lectores me fríen a preguntas de ese tipo. En España es obvio que ha variado la consideración que la gente tiene sobre la policía. ¿Cambios en la forma de escribir? No creo que los haya. Nuestros temas, atentos a la realidad, se han actualizado, poco más.

A. Martín: En mi caso el mayor cambio ha sido el sosiego. La profundidad. La conciencia de lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo. Por qué elijo ficción y no reportaje. La incorporación del sentido del humor.

–¿Y el publico? ¿Exige ahora más sangre y sadismo, o sigue premiando el ingenio a lo Agatha Christie?


A. Martín: Me está hablando por las dos puntas de una evolución trascendental. Estamos pasando de la época de la literatura a la época de la imagen, de la época de la reflexión a la época de la acción, de la época de la simbolización a la época de lo concreto. La sangre y el sadismo forman parte de la imagen, de lo concreto e inmediato. El ingenio pertenece a la literatura. Pero quizá Agatha Christie nos queda anticuada. Deberíamos decir que a la visceral novela negra que nos descubrieron los americanos se añade el componente inevitable del ingenio, o no estaríamos hablando de literatura.

L. Silva: Como decía Chandler, al público hay que acertar a persuadirle de que se interese por lo que tú le quieras contar. No apostaría a que por ser más sanguinario o más ingenioso vas a gustar más; las modas acaban saturando siempre. Creo que el lector busca personajes originales, con los que simpatice (o que le perturben, que también vale), y una mirada sobre la realidad que también tenga su sesgo propio. Confiar en casquería para impresionar al lector me parece una falta de respeto en la que un novelista no debe incurrir.

A. Giménez Bartlett: Me imagino que hay un público para cada cosa. No creo que todos los lectores se hayan convertido en bestias pardas sedientas de sangre. Pero ya no hay lectores inocentes a los que se sorprende con facilidad con una trama entretenida. No sé, si supiera lo que el público quiere le vendería el secreto a los editores por una buena pasta.

Hammet, el maestro
–¿Cuáles son los tres nombres fundamentales del género negro?


L. Silva: Dashiell Hammett, que propuso para siempre el arquetipo del detective “hardboiled”, además de practicar como casi nadie el distanciamiento moral. Jim Thompson, que hizo de la desnudez en la presentación de personajes y circunstancias un arte y llevó la eficacia narrativa a un extremo difícilmente igualable. Y Chandler, el que mejor supo conectar la novela negra con la tradición literaria occidental (en el fondo, Philip Marlowe, desfacedor de entuertos que a menudo acaba apaleado, no es más que un Quijote trasplantado a California) y acertó a hacer del detective un personaje humano, sentimental e irónico.

A. Martín: Es muy difícil resumir todo el género a tres nombres, pero vaya. Me arriesgaré: Arthur Conan Doyle, porque fue el creador del género, del personaje, de la saga, de la estructura que nos sustenta. Dashiell Hammett, porque es el mejor representante de esa escuela norteamericana que revolucionó el género acercándolo a una nueva realidad. Y lo cito dando por supuesto que hablar de Hammett nos traerá a la mente, inevitablemente, a Chandler. Patricia Highsmith, gran innovadora, profundizadora, analista, genio del género, conocedora como nadie de los aspectos más perversos de la especie humana. (Pero la misma limitación a tres hace falsa esta respuesta, porque también deberíamos hablar de la importancia de Simenon –que humaniza el género negro trayéndolo a la manera de ser europea–, o Manuel Vázquez Montalbán –que lo revoluciona haciéndolo genuinamente español–, o Manchette –que cambia el punto de vista al ritmo del mayo del 68–…)

J. M. Reverte: Hammet es el clásico, porque crea un lenguaje propio y, además, aporta una temática que es nueva en su momento. Esos personajes desalmados que le sirven para explicar la rudeza del mundo que vive. Chandler es directamente un profesional de la cosa, capaz de crear arquetipos como Marlowe. Boris Vian utilizó los códigos para montar una salvajada de antología en Escupiré sobre vuestra tumba. En realidad Hammet y Vian son los que más me interesan, porque escriben novelas espléndidas, repletas de novedades de todo tipo.

Nuevos delitos, ¿otras novelas?
–¿Cómo se reflejan en sus novelas los delitos que imponen los nuevos tiempos (corrupción, blanqueo de dinero, tráfico de drogas)?


J. M. Reverte: Bueno, cuando aparecen estas cosas lo que hago es documentarme para que sean fieles a la realidad, que es lo que se le exige a una novela realista. Pero, insisto, lo que más me interesa de practicar este tipo de narración es el tratamiento de los personajes y el punto de vista.

A. Giménez Bartlett: Yo creo que se reflejan las condiciones sociales que propician nuevos delitos, como por ejemplo, la explotación y abuso de los inmigrantes. Sin embargo, soy contraria a los casos demasiado “tecnológicos””; a un delito basado solo en internet le faltan elementos humanos. Me gusta que en el fondo de las investigaciones palpiten elementos muy primarios: la pasión, la venganza… Si nos centramos solo en el dinero la cosa pierde fuerza.

Metáforas del descarrilamiento


A. Martín: Más que un interés por reflejar los nuevos tipos de delitos, tengo interés por reflejar la sociedad, y aquellos aspectos que no le gustan de ella. Naturalmente, eso implica nuevos delitos, pero creo que es tema que podemos dar por sabido. Lo que a mí me importa es la manera como los delitos son percibidos por el ciudadano, los miedos que comportan, cómo influyen o cambian los hábitos de la sociedad.

L. Silva: Están ahí, forman parte del paisaje, como en la vida misma, y ocasionalmente se insertan en la trama y tienen en ella su importancia. También las nuevas técnicas policiales, que parten de la dinámica de esos delincuentes, a menudo bien organizados, y otorgan una importancia antes desconocida a los elementos tecnológicos, las investigaciones financieras, etcétera. Pero confieso que me atrae más el delincuente no profesional. El que se convierte en asesino sin que el asesinato sea su negocio. Porque en su peripecia podemos hallar una metáfora del descarrilamiento al que todos estamos expuestos, y no sólo los típicamente “malos”.

–¿Por qué la novela policiaca sigue teniendo mala fama entre los gurús de la cultura? ¿Cómo demostrarían que no es un género menor?


A. Giménez Bartlett: ¡Ah, y yo qué sé! Aunque me temo que es un caso sólo español. Yo creo que los gurús españoles son un poco paletos. Tienen la sensación de que custodian una llama sagrada que solo está al alcance de unos pocos. Pero yo, y como yo todos mis colegas “negros”, estamos hartos de dar conferencias en universidades donde los profesores de literatura consideran que sus alumnos deben leer novela policial. También se hacen tesis doctorales sobre nuestros libros y… en fin, ¿para qué seguir?, es una polémica un tanto ridícula. El género negro no es menor aunque resulta menos arriesgado que una novela general. Al menos tienes unas normas mínimas a las que agarrarte. En literatura general te la juegas siempre.

L. Silva: Porque se vende (o se ha vendido mucho), porque se hacen películas a partir de ella y porque es siempre muy narrativa y tiende a ser poco retórica (lo que no suele ir en línea con los gustos de los gurús). Los mejores argumentos contra este tipo de actitudes son los que se sacan de la obra de los grandes escritores que han hecho novela negra. El género, bien llevado, permite como pocos otros un análisis de la sociedad en todas sus paradojas y del ser humano en todos sus claroscuros, y una meditación profunda sobre el mal. Y esto, para mí, es pura literatura, y sólo como literatura, además, puede hacerse.

A. Martín: Me resulta muy difícil responder a esta pregunta sin caer en el insulto porque la verdad es que considero esa actitud de desprecio como una agresión injustificada a mi profesión. Simplemente diría que nos ignoran porque ignoran.


J. M. Reverte: Yo no sé si tiene mala fama. Sí es cierto que hay críticos perezosos que necesitan clasificar por géneros y, una vez alguien ha caído en la jaula, queda enclaustrado en un género menor. Pero no pasa nada, también Cervantes está metido en lo de la novela de caballerías, que ya sabemos que era puro entretenimiento.